Política

Atención

septiembre 11, 2018

La semana pasada los esperanzados gobernados mexicanos que dieron un voto rotundo a Morena tuvieron que tragar gordo. El Senado de la República "autorizó" que el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, regresara a la gubernatura luego de que había solicitado licencia para separarse del cargo para competir por un escaño en el Senado. Velasco sustituyó, con la aprobación del Senado y desde luego con la complacencia del Instituto Nacional Electoral, al candidato Jesús Sesma Juárez. Esto, a dos días que venciera el plazo para hacer sustituciones.

Al final del día, Velasco Coello perdió frente a Rutilio Escandón Cadenas, postulado por Morena.

El Senado autorizó entonces el regreso del Manuel Velasco al gobierno de Chiapas, literalmente sustituyendo a sí mismo. El colmo del surrealismo tropical.

Esto fue posible sólo por la abrumadora mayoría de legisladores morenistas, tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados. La decisión ha sido no sólo controversial sino ácidamente criticada por un espectro muy amplio de la sociedad, tanto de tendencia progresista como de conservadores.

Morena justificó la transición con el argumento de que se trataba de hacerse de la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. La moneda de cambio para una transacción que bien pudiera ser anticonstitucional fue un puñado de diputados verdes que fueron, literalmente, cedidos a Morena.

El Partido Verde Ecologista Mexicano es un redrojo paradigmático de las severas distorsiones del sistema de complicidades que reemplazó el sistema político mexicano. Sistema contra el que votó consistentemente una sobrada mayoría de mexicanos cansados de las simulaciones y trampas del priísmo cuando era partido dominante. Naturalmente, buena parte de las críticas a la maniobra morenista tienen ese sentido.

Es temprano para adelantar con relativa certeza alguna prognosis, pero el asunto no pinta bien. Cualquier ciudadano medianamente informado podría argumentar contra la prisa para obtener la mayoría absoluta en la Cámara baja; es cosa de esperar unos días para que no pocos diputados del PRI cambiaran de bancada. Sea por instinto de sobrevivencia o por mero sentido práctico de la vida.

El problema es que Morena ha tomado una decisión pragmática de muy mal augurio. Por el hecho en sí mismo como por el uso que harán de él fuerzas políticas. Pero al margen de eso, hay razones sobradas para exigir a los legisladores de Morena se comporten como lo que prometieron ser, no lo que son o han sido dentro de la lógica del sistema.

Es verdad que la mayoría absoluta es cómoda y hasta recomendable para efectos de reconfigurar institucionalmente al país; pero no a costa de zarandear la Constitución y a cambio de escoria.

Los gobernados mexicanos merecen una explicación y los tomadores de decisiones de Morena, pese a su formación dentro de las distorsiones del sistema, deben comprometerse tanto a explicar con suficiencia sus decisiones como a no apelar al pragmatismo chabacano de baja ralea. Como es el caso.