Política

concurrencia

septiembre 05, 2018

En este espacio, La Jornada Veracruz ha sostenido en varios momentos la idea de que lo que alguna vez fue un sistema político deficitario y problematizado, dejó de serlo para convertirse en un sistema de complicidades para la apropiación de los bienes públicos. Una suerte de patrimonialismo reloaded en este sexenio que está por terminar. Un patrimonialismo recargado que poco tiene que ver con aquel que se daba durante las etapas iniciales de la revolución institucionalizada. La tecnocracia desparasitada en universidades norteamericanas llevó la práctica patrimonialista a niveles post industriales al grado de casi terminar con el concepto mismo de Estado soberano. Una generación de tecnócratas, hijos tardíos y nietos de la revolución mexicana, que a partir de la crisis tardía de los setenta se hicieron con los instrumentos de gestión y acción políticas hasta desaparecer todo vestigio de lo que fue el Estado de bienestar sobre el que se construyó una inmensa clase media mexicana de origen obrero y campesino. Los años dorados del desarrollo estabilizador.

El sistema de complicidades aún vigente es brutal. Ahí está César Duarte, ex gobernador de Chihuahua, protegido por el gobierno mexicano en territorio norteamericano. O la cárcel en algodones del forzadamente ocioso ex gobernador veracruzano Javier Duarte.

La cantidad de dinero público desviado por el par de duartes es brutal para financiar y aceitar la agenda política del tecno PRI fue brutal. El tecno priísmo, como caballo de Atila, ha devastado al país sobre las patas de la venta de los bienes y riquezas nacionales. Desde Pemex, hasta los ríos sembrados de represas y los metales preciosos extraídos de la tierra a punto de lavar la tierra con cianuro en inmensas tinas de lixiviación.

Mientras eso sucede, nadie, ningún funcionario público, en funciones o no, ha sido inhabilitado por parte de la Contraloría General del Estado. Nadie. Este único dato es suficiente para ilustrar la magnitud de la degradación del redrojo que 40 años de neoliberalismo hicieron del Estado mexicano. Casi medio millar de investigaciones sobre funcionarios y ex funcionarios han quedado, literalmente, como letra muerta. Ése es el nivel en que la tecno burocracia y la fauna oportunista que la acompaña han dejado al país.

Los gobernados se han dado la oportunidad de cambiar de régimen, el mandato de las elecciones es rotundo. Pero no habrá cambio alguno si la ciudadanía deja solamente en manos de los nuevos funcionarios la responsabilidad de reconfigurar al país y sus reglas del juego. Es juntos, con la ciudadanía, o no será.