Política

Sin disculpa

agosto 16, 2018

El recién nombrado cardenal Sergio Obeso está contento. Lo repite a desde haber sido nombrado cardenal de la Iglesia Católica. Desde luego hay razones para que lo esté, aun cuando no pertenezca al grupo de los cardenales electores.

Su estado de ánimo, sin embargo, parece afectar en algo su discernimiento.

Sucede que al presidir el rito de la misa, luego de asentar su complacencia al tajar su estado de complacencia y pronunciarse a favor cosas bellas, "no de cosas preocupantes", el ministro clerical dijo que "algunos" de quienes acusan de pederastia a la Iglesia tienen "cola que les pisen". Desde luego es posible, pero no es el tema. Es más, es irrelevante. El tema que está puesto en la mesa de la discusión pública no es la maledicencia de algunos en contra de la Iglesia, sino los abusos y desviaciones sexuales de una cantidad importante de ministros de culto católicos y la sistemática acción de la jerarquía por ocultarlos, e impedir con eso que las acusaciones contra sus ministros prosperen. Sea intimidando a las víctimas, niños menores de edad, adolescentes o mujeres, removiendo al agresor a otra sede en lugar de colaborar con las autoridades judiciales, o negando sistemáticamente la existencia de los abusos.

Este comportamiento contrario a los principios mismos que la institución proclama es norma a seguir desde que a mediados de los años 60, Juan XXIII, quién lo diría, lo institucionalizó al aprobarlo en 1962, justo el año que tuvo inicio el Concilio Vaticano Segundo, tan importante para la relativa desparasitación institucional del clero a pesar del casi completo desmantelamiento que hiciera Juan Pablo II en su larguísimo reinado.

Si el cardenal Obeso pretende normalizar o trivializar la gravedad de la responsabilidad de la Iglesia, equivoca por completo con la sintonía de los tiempos. Parece que ni clero ni la élite política del sistema terminan por entender que son precisamente este tipo de trivializaciones lo que irrita tanto al respetable.

Apenas hace dos días que CNN difundió la información respecto a que más de 300 sacerdotes abusaron sexualmente de por lo menos un millar de menores en el estado norteamericano de Pensilvania, nada menos que en seis de las ocho diócesis que hay en ese estado. El escándalo es mayúsculo y emproblema severamente a las autoridades clericales.

Es fácil dimensionar el tamaño de despropósito dicho por Obeso. Aún si hubiera intereses ocultos en las acusaciones contra la Iglesia, eso no atenúa la gravedad del crimen institucional de ocultar criminales y obstruir la acción de la justicia.