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agosto 07, 2018

En la transición del antiguo régimen al nuevo afloran en la sociedad las consecuencias de 40 años de neoliberalismo crudo, sin atenuantes, como fue la forma de aplicar el recetario en México. Entre las fallas del modelo y la obtusa ortodoxia de los tomadores de decisiones, el cuerpo social se vio obligado a asumirlas todas y apechugar, además, con otras consecuencias de malas decisiones gubernamentales. Destacadamente la guerra contra las drogas.

Entre el agobio familiar por la cotidianidad económica y la parafernalia demencial de las decisiones respecto a las drogas, la sociedad resintió el deterioro severo en las relaciones de confianza. 12 años de guerra irregular interna, minaron aún más la ya deteriorada cohesión social.

La cuarta parte del tiempo de implantación del neoliberalismo a la mexicana fueron tiempos de guerra. Las relaciones de confianza mínimas imprescindibles para determinación de objetivos comunes y la construcción de capital social fueron casi exterminadas. La votación del primero de julio fue una respuesta largamente rumiada pero sin condiciones para acotar la capacidad manipuladora y de trampeo del sistema. En el largo interregno neoliberal, los principios colaborativos se redujeron a su mínima expresión precisamente por el castigo y hostilidad a las relaciones de confianza. Cuatro décadas es mucho tiempo para la erosión así que las únicas relaciones de confianza exitosas eran aquellas garantizadas por la complicidad.

Por ello el actual gobernador tuvo que pedir abiertamente a su antecesor se abstuviera de nombrar funcionarios trans gubernamentales. Lo mismo que hace hoy Vicente Octavio Pozos Marín, presidente del Colegio del Foro de Licenciados en Derecho de Veracruz, quien pide a los actuales legisladores no nombrar a los magistrados del Poder Judicial y evitar con ello el pago de favores o el nombramiento de la no idoneidad.

Los actuales gobernantes tienen sobre ellos la mirada observante crítica de la sociedad, resistir o estorbar la transición posicionando caballos en el tablero de las nuevas autoridades, previsiblemente será algo que habrá de procesarse mal en la ciudadanía, además de que la relación costo beneficio será completamente desfavorable para el actual gobierno.

La sociedad ha sido clara en lo que quiere, esto es paz, mejoría en el bienestar y la restitución de la confianza de la que alguna vez gozaron los mexicanos y que fuera el cemento de una sociedad colaborativa, capaz de hacer un milagro económico referencial. Las condiciones hoy son distintas, pero el principio es el mismo.