Política

Dato duro

agosto 03, 2018

Hablar de malos gobiernos en México es una generalización con demasiadas vetas de imprecisión. No porque no haya habido suficientes malos gobiernos en el país, sino porque con todo y el mal endémico de la corrupción, hubo un tiempo en que los gobiernos se ocupaban de las condiciones de vida de la población y de la cobertura de satisfactores sustantivos como la educación, la salud y las condiciones generales de trabajo.

La facción triunfadora de la Revolución pergeñó al PNR y luego al PRI, copió la organización corporativa del fascismo italiano, que es la época, y utilizó de forma bastante parecida las mismas correas de transmisión organizacionales para movilizar a la sociedad en torno de los objetivos de la élite gobernante que, para la época, era básicamente de extracción clasemediera y alguno que otro terrateniente dolido por el liberalismo comandado por "los científicos."

La estructura del Estado descansaba sobre la organización corporativa de la sociedad, algo que el fascismo italiano calcaría de la organización de la Iglesia Católica.

La Revolución institucionalizada siguió siendo un régimen estratificado, con concentración de la riqueza en pocas manos, pero con un claro propósito político de relativa homologación de oportunidades. De finales de los años 20 hasta principios de los 80, la concentración de la riqueza seguía en pocas manos pero con políticas sociales basadas en la gestión corporativa que permitieron un reparto de la riqueza bastante razonable. Entre finales de los 50 y principios de los 70 la sociedad mexicana se urbanizó y hubo un inmenso crecimiento de la clase media logrado sobre la base de servicios de salud generalizados, políticas de vivienda popular de amplio espectro y una educación pública generalizada gratuita desde la básica hasta profesional.

Esa clase media fue, entre los 30 y los 60, básicamente de origen obrero y campesino. Los hijos de esos trabajadores tuvieron acceso a la educación universitaria y superior y eso desató un amplio fenómeno de capilaridad social. Milagro mexicano, le llamaron. Nada de esto atenúa la naturaleza autoritaria del Estado mexicano y sus gobiernos. A fines de los 50 y durante los 60, la huelga ferrocarrilera, la huelga magisterial, la huelga de médicos, y la estudiantil de dolorosa memoria. Un estado autoritario ocupado de la capilaridad social. Ogro Filantópico, lo llamó Octavio Paz. Es ése el pasado del que la generación de gobernantes neoliberal-fascistas reniegan tanto. Un pasado duro, agresivo en no pocas ocasiones, pero con responsables del Estado ocupados más o menos sinceramente del bienestar y progreso de los gobernados.

La diferencia con los gobiernos de las cuatro últimas décadas es brutal. El caso veracruzano es paradigmático. Baste con decir que sólo en los ocho años recientes, la suma de los gobiernos de Javier Duarte y de Miguel Ángel Yunes, la concentración de muertes por Sida en el estado se ha multiplicado. De las 25 regiones con más incidencia del casos en el país, cinco se encuentran en Veracruz. Dos de ellas sin infraestructura para atender a los afectados por el síndrome.

Este sólo hecho retrata de cuerpo entero y coloca en la misma categoría al gobierno actual y al anterior.