Política

La negación como instinto

julio 19, 2018

El gobernador Miguel Ángel Yunes sale al frente de las críticas y reclamos por el desalojo de las oficinas de gobierno en palacio. Lo hace de la forma usual, descalificando a movimiento de inconformes al decir que hay varios ex duartistas o testaferros de ellos, entre los empresarios que protestan. Desde luego da nombres, lo que abunda en la verosimilitud de sus dichos. El gobernador suele ser asertivo en las afirmaciones más inverosímiles o de confrontación. Es su estilo. Habrá que suponer que algún beneficio obtiene de él.

Pero no es el punto. El punto es que al margen de que haya infiltrados del malhadado gobierno anterior, el gobierno tiene un adeudo con los empresarios y ha tenido más de un año para filtrar y separar los adeudos fraudulentos de los auténticos. No se les ha pagado, el gobierno aduce su desconfianza y ésta ha sido la razón de que la crisis de total estancamiento les estalle en la cara a los hombres del sistema.

El gobernador dejará un estado sumido en la violencia, en la desesperanza económica y el trauma de una guerra interna que se fagocitó al tejido social y dio al traste con cualquier posibilidad de relaciones de confianza. Desde ahí es que la sociedad debe de reconfigurarse y reconfigurar la institucionalidad.

Pero el gobernador evita el tema sustantivo, ¿por qué no ha liquidado adeudos?, ¿por qué ha preferido mantener la economía del estado paralizada?, ¿la eventual existencia de un par de testaferros desaparece la totalidad del adeudo con los empresarios, o cuál es la lógica?, ¿por desconfianza, o porque en realidad el estado y su población están subordinados a su agenda personal?