Política

Temores e inercia

julio 16, 2018

El gobernador electo Cuitláhuac García explícitamente solicita a la administración no nombrar aún al fiscal anticorrupción y a los magistrados del Tribunal Superior de Justicia del Estado. Dos ejes de información que parecen perfilar la tónica del flujo noticioso del fin de semana, atento a los asuntos de seguridad pública pero en un interregno poco funcional para efectos de ejercicio de gobierno. Entre los que salen, los que llegan y el paso de los trastos de mando.

Los empresarios del norte del estado externan sus temores de que en interregno entre los dos gobiernos se incremente la inseguridad pública por el eventual pronto retiro del Ejército de las tareas seguridad en el estado.

Desde luego el temor empresarial es fundado, especialmente si nos atenemos a la historia de viciosa violencia escrita en el sexenio anterior.

Lo cierto es que la aproximación al problema de seguridad pública de los próximos gobiernos estatal y federal será con seguridad distinta, y esto en cuestiones definitorias.

En principio porque el enfoque y aproximación al tema de la inseguridad pública dejará de estar definido por la confrontación reactiva, para atender las causas y los efectos. La tarea es magnífica porque, fuera del consenso legitimador de la elección, los nuevos gobiernos reciben al Estado nacional en condiciones serias de deterioro. De forma diferenciada, pero en condiciones críticas en algunos casos. Notoriamente en materia financiera y de seguridad pública.

Pero si el gobierno empieza por atender los aspectos de inteligencia financiera, los disuasivos y los de salud pública, la violencia de inmediato descenderá. Por el mero efecto físico de la distensión.

Es verdad lo que señalan los empresarios respecto al deterioro de los cuerpos de seguridad y la parafernalia invasiva con la que suelen recorrer las calles. Su escepticismo respecto a su eventual capacitación es justificado y probablemente compartido con otros sectores de la sociedad.

Por eso será determinante el papel activo de la sociedad en sus diversos estratos de organicidad para incidir y colaborar tanto de la definición de los problemas, como en la operacionalización de su solución.

El solo hecho de quitar presión a la confrontación, genera dinámicas positivas. Entre ellas el desvanecimiento de la violencia.