Política

Falocracia: misoginia

julio 09, 2018

El año pasado un Congreso estatal dominado por el PAN, su partido satelital con ictericia y algunos desapercibidos adicionales votaron en contra de la despenalización de la interrupción del embarazo por elección. Una decisión controversial toda vez que fue tomada sólo con 27 diputados de los 50, y que fue severamente cuestionada por las mujeres, organizadas o no, del estado.

Una decisión que revela, además de la inmensa distancia entre los representantes y los representados, la completa falta de empatía y entendimiento de los gobernados por parte de los que dicen representarlos.

Impedir a las mujeres tomar decisiones sobre sí mismas y su futuro en algo tan definitorio y tan a largo plazo como tener un hijo obedece a una de dos cosas: una completa falta de entendimiento de sus necesidades y de su papel en la construcción de la sociedad, o a los atavismos moralizantes con los que las religiones manipulan y extorsionan a sus creyentes. En cualquier caso, revela la completa ajenidad de no pocos representantes para con quienes los eligieron. La eventualidad de la interrupción del embarazo es un asunto que debiera ser determinado por los imperativos específicos de seguridad y salud de las mujeres, no por las consideraciones moral-religiosas personales de los diputados, como ha sido el caso en todos estos años de intentos y fracasos por ampliar la cobertura y protección de debe dar el Estado a sus ciudadanos.

La semana pasada, un juez federal ordenó a los actuales congresistas estatales que antes de que finalizara el segundo periodo de sesiones del año, esto es el 31 de julio, reformaran el Código Penal vigente en el estado.

Frente tal imperativo, el diputado panista Sergio Hernández anunció que apelarán para no acatar la sentencia que los impele a reformar tres artículos del código penal del estado. Es posible que lo hagan e incluso es posible que tengan éxito temporalmente, lo que demostrará la lejanía de buena parte de los llamados políticos respecto a las necesidades y preocupaciones de los gobernados. Pareciera que parte sustantiva del estamento político se definiera por una abierta y militante misoginia. De otra forma no se entiende la advertencia. El actual sistema de partidos y la mayoría de sus servidores perdió de manera rotunda las elecciones. Esto significa que han perdido parte muy importante de su capacidad de decisión y veto. Tendrán que aprender a hacer políticas públicas basados en la realidad, no en prejuicios y negaciones deliberadas de la franca adversidad a la que se enfrenta las mujeres del estado por la gazmoñería de un hato de representantes ultramontanos.