Política

Qué sigue ahora

julio 06, 2018

Pasada la euforia, las campañas y sus promesas, lo que sigue ahora es el planteamiento de cómo el nuevo gobierno del estado profundice en emparejar la situación de cientos miles de familias que viven en la pobreza, para lo cual definitivamente deben replantearse las políticas públicas de atención a la desigualdad basadas en la administración de la pobreza con propósitos electorales.

Ya se vio cómo el gobierno del estado le apostó a la entrega masiva de despensas con programas específicos de "combate" a la marginación, mientras ampliaba el padrón de beneficiarios para construir una base política que, esperaba la administración panista-perredista, le alcanzara para garantizarse la continuidad en el gobierno estatal.

Sin embargo, como se vio el pasado primero de julio, la ciudadanía cada día está más dispuesta a exigir a las autoridades el cumplimiento cabal de sus obligaciones, por lo que de ahora en adelante, será difícil que le apuesten los políticos al asistencialismo como seguro para ganar elecciones.

El reto es tan grande como el rezago acumulado en los últimos gobiernos, incluyendo por supuesto al de Yunes Linares, quien vino a hacer en su minigestión lo que ya había puesto en práctica en sus anteriores oportunidades como burócrata de altos vuelos. Y peor aún, elevó el nivel de endeudamiento de las finanzas públicas a tal grado que se comprometió la viabilidad financiera del estado para los próximos 30 años.

La pobreza es pues el principal tema que deberá abordar la administración estatal morenista, como objetivo estratégico en el corto plazo pues es sabido que será la única forma de abatir los altísimos índices de inseguridad e incertidumbre social que afectan al estado.

No se ve fácil tal empresa. Como siempre, son mayores las necesidades que la disposición de recursos públicos pero una gestión de gobierno honesta, encaminada a cumplir a cabalidad con la demanda ciudadana, a privilegiar el interés colectivo por encima de los propósitos particulares o de grupo político, sin duda podrá sentar las bases para que en efecto, el cambio sea una realidad y no un argumento de campaña electoral.