Política

Vergüenza

julio 04, 2018

El largo e ingrato trajinar de los colectivos de búsqueda de desaparecidos topó, como El Quijote, con una suerte de iglesia; y, como en la novela de Cervantes, no hace referencia a la institución sino al cuerpo físico que ensombrece lo que debiera ser asoleado. En la novela se refiere al templo de San Antonio Abad, en El Toboso; en Veracruz, al gobierno actual.

La respuesta de Sancho es premonitoria: "Ya lo veo, y ruegue a Dios que no demos con nuestra sepultura, que no es buena señal andar por los cementerios a estas horas".

Y es que hacia el final de este gobierno los inmensos rezagos que recibió de su antecesor en materia de procuración de justicia, especialmente respecto de los desaparecidos, quedó tal cual más lo acumulado. Ni remotamente algo que pudiera parecer un intento de empatía con las madres y las familias de los desaparecidos, que esperarían que al menos las autoridades hicieran su trabajo.

Las razones de esto se desconocen, pero parece harto verosímil el dicho de los colectivos que reclaman al gobierno y a su burocracia especializada el uso político de procuración de justicia. No en el circo mediático de las campañas, sino en la miserable circunstancia de los desaparecidos; no sólo por el dolor profundo que implica, sino por quienes deciden subordinarla a lo políticamente beneficioso.

Atajar los recursos necesarios para averiguar sobre una tragedia humanitaria mayúscula, abrumadora, para dirigirlos –como sugieren los colectivos– a fundamentar las acusaciones contra la administración cleptócrata, porque eso es lo que resulta políticamente beneficioso, precisa de vacíos éticos muy importantes.

No hay forma de saberlo con precisión, pero la acusación de los colectivos no es inverosímil y eso es precisamente lo preocupante.