Política

18 de junio, Día Mundial del Orgullo Autista

junio 19, 2018

"Te oigo mejor cuando no te estoy mirando. El contacto visual es incómodo. La gente nunca

entenderá la batalla a la que me enfrento para poder hacer esto." Wendy Lawson, 1998.

De acuerdo a cifras de la Organización Mundial de la Salud, uno de cada 160 niños tiene un trastorno del espectro autista (TEA) y esta condición afectará de manera permanente su interacción social, la integración a la sociedad y su entorno educativo y laboral.

Pero, ¿qué es TEA? de acuerdo al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), es un conjunto amplio de condiciones que afectan el neurodesarrollo y el funcionamiento cerebral, que dan lugar a dificultades en la comunicación e interacción social, así como en la flexibilidad del pensamiento y de la conducta.

El Psiquiatra Christian Plebst señala que esta condición, asociada con el color azul, representa un desafío en las capacidades de decodificar, regular, modular y procesar información sensorial y socio emocional proveniente de las relaciones. Según este analista, el reto consiste en lograr acompañar a los niños en su zona de desarrollo próximo. Y no le falta razón.

Para decirlo más claro, estamos poco preparados como sociedad, para acoger las diferencias o capacidades distintas en esta "zona de desarrollo próximo". Habría que preguntarse, por ejemplo, si el sector salud puede detectar de manera temprana a un niño con TEA o si el sistema educativo nacional está preparado para educar a los miles de niños y jóvenes en esta condición. Más aún ¿Hay oportunidades laborales para personas con estas diferencias?

Por supuesto, existen esfuerzos loables de diversas instituciones y asociaciones civiles que trabajan con personas con este trastorno, sin embargo, no dejan de ser esfuerzos aislados y cada año en nuestro país nacen en promedio, unos 20 mil niños con alteraciones en su desarrollo neuronal que los ubican dentro del amplísimo espectro autista y esta cifra crece cada año. Esta prevalencia es mayor a la del cáncer, diabetes y sida pediátrico, juntos.

Las instituciones que atienden este padecimiento están saturadas, resultan insuficientes o incosteables para la mayoría de la población mexicana. ¿Qué necesitamos? Políticas Públicas

pertinentes; que los diseñadores de estos planes y programas gubernamentales volteen a ver a las personas azules y se desarrolle seriamente un programa integral de detección, atención e integración, porque esto nos definirá como país.

Es tiempo de exigir inclusión y respeto. Entender el autismo es complejo, sin embargo, la población mundial que nace con esta condición aumenta cada año, por lo que la concientización es fundamental. De acuerdo a las estadísticas, usted, amable lector, lo sepa o no, probablemente tiene un hijo, un familiar o un conocido con TEA, por lo que no es ocioso prepararnos para ser más tolerantes y aceptar la diversidad.

Dado que las habilidades cognitivas de estos niños funcionan de otra manera, en un primer momento, hay que conocer cómo se manifiestan estas diferencias para no juzgarlos. Es necesario brindarles la posibilidad de participar en las actividades de acuerdo a sus fortalezas y debilidades; una educación que los prepare para su vida en sociedad y a los jóvenes, oportunidades de inclusión laboral.

En el año 165 a.C. Publio Terencio Africano escribió en su comedia El enemigo de sí mismo: "Soy un hombre, nada humano me es ajeno." Estamos hablando de personas que aman, sienten y sufren, aunque no lo expresen como nosotros. Tener una forma distinta de configurar la realidad –de armar el rompecabezas- no los debe aislar del resto de nosotros.

¿De qué debemos sentirnos orgullosos hoy, 18 de junio, Día Mundial del Orgullo Autista? De esos seres que diariamente viven, estudian, trabajan y conviven dentro de una sociedad que los estigmatiza y con frecuencia, los discrimina. Son nuestros hijos, nuestros familiares, nuestros alumnos, nuestros compañeros de trabajo. Son autistas, pero son mucho más que eso.

Debemos sentirnos orgullosos de nuestra capacidad, en construcción, de aceptar las diferencias y abrazarlas, de aprender y enriquecernos no solo de las cosas en que coincidimos, sino también de aquellas que nos separan. Como seres humanos, compartimos mucho más de lo que nos aleja y somos responsables de darles a los niños, jóvenes y adultos con TEA, una mejor oportunidad.