Política

¿Alternancia fallida?

junio 15, 2018

Agradezco la invitación de Tulio Moreno a participar en el texto colectivo Veracruz, una alternancia fallida, editado por La Jornada, y cuya presentación se llevó a cabo el martes pasado en el auditorio del CIESAS-Golfo. El título del documento ya palidece ante la portada del mismo: una fotografía del cariñoso y sonriente gobernador de Veracruz arreglando-sacudiendo la solapa al traje de su primogénito, mientras que éste parece tragar gordo y preguntarse: "¿en qué madres me estoy metiendo?"; aunque igual aceptando la unción por parte del jefe del clan y, sobre todo, del jefe del OPLE.

Digo que el título del libro palidece ante su portada porque ésta dice mucho más que aquél. Me explico. Para que algo falle primero tiene que existir. De la misma manera en que el "Estado mexicano" no es un Estado fallido porque México no es un Estado, la "alternancia" en Veracruz no es fallida porque no ha existido la alternancia. Para que a un ama de casa le falle la licuadora primero ha de tener una, y sólo entonces hay posibilidad de que la licuadora sea una "licuadora fallida." Pero en México no hay un Estado, ni en Veracruz hay ni ha habido alternancia. Luego, ni ésta ni aquél pueden ser "fallidos".

Fuera de su desafortunado título, el texto vale la pena de ser leído, y no sólo por la excelente portada. Por sus páginas circulan opiniones y hasta ideas no necesariamente coincidentes, cosa que lo hace más interesante aún. Pero quisiera referirme en particular a un intercambio de ocurrencias que tuve con mi amigo René Montero tras la presentación, ocurrencias a las que también se refiriera Mariano Báez en su intervención puntual. No es lo mismo la alternancia entre partidos que la transición entre regímenes de distinta naturaleza; es decir, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Transición está asociada a tránsito, es decir, a un cambio desde un lugar a otro, como cuando transitamos por Enríquez desde Carrillo Puerto hasta Clavijero, por ejemplo. Cuando se habló de transición, hace algunos años, nos referíamos a la transición desde un régimen no democrático hasta otro menos antidemocrático o menos autoritario (transición a la democracia creo que se le decía en ese lejano entonces). Mientras que alternancia está asociada a alternativa, a alteridad, es decir, a otredad; y más específicamente a la alternancia entre los partidos políticos con programas de gobiernos alternativos, es decir, distintos. Bien, pues lo que digo es que no ha habido –ni en México ni en Veracruz– transición ni alternancia algunas, y que sólo unas muy pequeñas cosas han aparentemente cambiado para que todo siga igual (aunque peor). No puede haber alternancia política en donde todos los partidos (dije TODOS) tienen el mismo objetivo: hacer negocios privados con el presupuesto público y a través de las instituciones públicas.

En México se llegó a identificar la "alternancia" del 2000 con la "transición" a la democracia. Insisto: ninguna de las dos cosas ocurrió, y sólo a un pueblo de zombis (como sin duda lo somos) se le puede hacer creer lo contrario. Pero quedémonos de momento en Veracruz, rinconcito donde se hacen negocios políticos hasta con las olas del mar. Hace dos años no hubo alternancia porque un candidato, priísta al nivel de su DNA –quien ya había (des)gobernado hace 23 años al estado–, le ganó la elección a otro gobernador priísta hoy preso. Fue un simple "Quítate tú pa’ ponerme yo" (recomiendo la versión de las Estrellas de Fannia, disponible en Spotify). Sólo nos cambiaron de bandidos. Es decir, "alternancia" significa que se "alternan" en el poder quienes nos han de esquilmar.

Pero hoy la "alternancia" intenta hacerse de un nuevo e inédito procedimiento: la alternancia hereditaria transexenal milenaria, pues dentro de seis años no habrá impedimento para que el segundo vástago, por el momento alcalde del municipio que da nombre a la entidad, acceda al trono; y, dentro de 12 años, menos la habría para que el tercer heredero –por el momento dedicado a los negocios simples–, acceda al poder en la línea de sucesión para incursionar en los más rentables negocios de la política. Además, como dentro de 18 años ya habrá nietos en edad de votar y ser votados, nada impedirá que la dinastía veracruzana Yun-es, a imagen y semejanza de la dinastía china Yuan-eran (1234 y 1368), accedan sucesivamente al trono de un reino que dure por lo menos 1000 años. Ya no es "quítate tú pa ponerme yo", sino "quítame a mí pa ponerme a mí". Los chinos y los egipcios se verán como niños de kínder cuando los historiadores del futuro revisen la historia política de Veracruz. Qué bien ¿no?