Política

Desilusión y cambio

junio 15, 2018

En la elección más grande de la historia del país por el número de puestos por los que se compite, la casi totalidad de los partidos políticos sufre las consecuencias de su venalidad y engañoso sentido práctico de las cosas. Alianzas espurias entre partidos y un largo historial de corrupciones de buena parte de los actores de esos partidos han, al parecer, colmado la paciencia de la ciudadanía que está enojada. Esto, al parecer la impulsa a ser más participativa y crítica en la valoración de los asuntos públicos. Adicional al enojo, más que entendible si nos atenemos a la cantidad y variedad de los agravios que ha encajado, hay en Veracruz un enojo acumulado por la falta de cumplimiento en las expectativas que se depositó en el actual gobierno.

Es verdad que la dimensión del "problema veracruzano" es mayúscula y de aspectos diversos, pero uno de los más dramáticos y que en muy buena medida fue la base de la plataforma de la campaña del actual gobierno es la inseguridad pública. Frente a la promesa y compromiso de resolverla en seis meses, ésta ha aumentado y ya ha tocado las campañas políticas. Secuestros de candidatos o militantes en campaña, agresiones diversas, mensajes macabros, además de acciones de contracampaña más sofisticadas, como la creación de cuentas falsas en redes sociales.

Además del ruido que algo así incorpora a los procesos polacos, es claro que lo mismo afecta a la sociedad en su conjunto y la ciudadanía lo percibe como una agresión adicional.

En buena medida eso explica el hartazgo y la decisión colectiva de inducir cambios autolimitados por la vía pacífica, sin fundamentalísimos pero con la misma determinación de que tales cambios induzcan modificaciones importantes en la burocracia, la racionalidad económica y la circunstancia social.