Política

Enjundia

junio 13, 2018

La batalla de los jubilados y pensionados del IPE ha sido larga y desgastante. Primero con un gobierno, el de Fidel Herrera, que inició y avanzó en la depredación de los fondos del IPE; luego, con el personaje que lo sucedió por designación y que resultó ser uno de los peores gobernadores del país. En una época donde la competencia por la ruindad fue encarnizada, el ex gobernador Javier Duarte destaca por encima de personajes como César Duarte, gobernador de Chihuahua, Roberto Borge gobernador de Quintana Roo y Fausto Vallejo, y Rodrigo Medina, y Guillermo Padrés, y Fausto Vallejo, y Rubén Moreira, y Fausto Vallejo entre otros.

La primera alternancia política no significó mejoría ni recuperación del patrimonio del Instituto. Sólo el interés del gobierno para efectos de control.

El IPE ha dado una batalla pública que le ganó la simpatía generalizada de los gobernados y varias fuerzas políticas. Se ha planteado reformarlo para que, entre otras cosas, tenga un consejo directivo más plural, incluyente y por supuesto que mucho mejor vigilado toda vez que el déficit financiero continúa.

Se ha creado un frente de 22 sindicales para impulsar en el Congreso local la aprobación de la reforma. El recambio constante del consejo permitirá evitar la creación de hábitos y opacidades al margen del resto de los beneficiarios. La tarea de recuperación será larga pero es sustantiva, incluso vital, si se lo prefiere. Habrá que modificar su ley, pero hay razones para pensar que los jubilados y pensionados del IPE aprendieron la lección, con sangre si se quiere, pero la aprendieron bien. No se debe confiar a ciegas ni permitir la entronización de camarillas. Basta un poco de venalidad para mirar un poco hacia otro lado para que los daños sean mayúsculos. La deuda gubernamental con el IPE subsiste y faltan cosas por ver.