Política

Sociedad, organización, seguridad

junio 12, 2018

Hace tiempo que en México la violencia criminal y el temor a la delincuencia han alcanzado niveles sin precedentes. Frente a ello y luego de 12-14 años del horror de las violencias macabras, la incapacidad del Estado mexicano para hacer frente a la variable más importante del país ha quedado sobradamente demostrada. No hace falta decir que eso se explica en muy buena medida por la venalidad atávica de los gobernantes y sus burocracias.

Las investigaciones de los factores sociales y políticos que explican este fenómeno muestran que, por ejemplo, los homicidios se correlacionan con el aumento en los niveles de pobreza y la creciente brecha entre los ingresos de los pobres y los ricos, por mencionar un ejemplo. A primera vista habría diferencias importantes entre los homicidios cometidos en el marco de la desesperación y la ignorancia de la pobreza extrema y los cometidos por el crimen organizado. No es así, no hay diferencias sustantivas entre los homicidas de una u otra categoría. El factor determinante es la pobreza. Mientas ésta exista en los niveles que hay en México la violencia social continuará y será aprovechada por las empresas criminales. Así como lo hubo en la economía industrial, las empresas criminales cuentan con un inmenso ejército de reserva en la miseria. Echarse por encargo una "calaverita al hombro", servir de mula para el trasiego o de monitor de los movimientos policiacos es una forma de obtener ingresos, hacer carrera y en un descuido alcanzar "el éxito" de ascender en el escalafón social.

Al final del día, luego de 10 años, las empresas criminales no han sufrido por la violencia algo ni remotamente parecido a lo sufrido por la sociedad y las instituciones. Desde la Policía Federal la institución policial está despedorrada en México en todos sus niveles. Salvo, tal vez, algunas excepciones. Se han hecho numerosos intentos para sanear las policías, tanto en lo federal como en lo estatal y municipal. Ha sido un fracaso. Caso singular es la academia del Lencero que terminó como base operativa para desapariciones forzadas de lo que cayera, delincuencia organizada o jóvenes universitarios desapercibidos.

Los gobiernos han optado por la más chata de las soluciones, la fuerza, en la peregrina idea de que la violencia disuadirá y controlará al crimen. Premisa completamente falsa en las condiciones sociales que se viven. No es así y está demostrado hasta la saciedad. Desde hace más de una década el país vive en un virtual estado de sitio light, con policías y soldados con las armas en ristre paseándose por las calles de las ciudades del estado sin que el trasiego y la trata disminuyan. La violencia se ha incorporado a panorama de lo cotidiano. La misma sociedad con frecuencia cree que la militarización de lo policial es, si no la solución, sí una forma importante para atemperar el problema. Esa también es una apreciación equivocada.

El desafío a la capacidad de respuesta del Estado es mayúsculo, particularmente cuando la corrupción de los funcionarios públicos y la violencia policial amenaza los cimientos mismos de la construcción de una sociedad democrática. Hay otros países donde los ciudadanos no desconfían de la Policía, aunque consideran que no responde a sus necesidades. Lo mismo pasa con el sistema judicial. La crisis es muy seria. Ejemplo de ese deterioro es la búsqueda de capacitación de la Policía municipal en Puebla, municipio que junto con San Pedro en Nuevo León tienen de las mejores policías municipales del país.

El modelo de vigilancia comunitaria, independientemente de la variedad de sus versiones, puede ser parte de las soluciones que se necesitan. Esto es: las tareas preventivas se enfocan en un área geográfica pequeña; se construyen relaciones estrechas con la comunidad con miras a la retroalimentación con la ciudadanía con el fin de vigilar la actividad policial y asegurarse de que las percepciones de la comunidad sean tomadas en cuenta; tres, se procura seriamente involucrar a la comunidad en la prevención; y se involucra a la Policía en el estudio de las condiciones y circunstancias que favorecen la delincuencia y los comportamientos antisociales. El reconocimiento de la sociedad a las tareas de su Policía está relacionado con el enfoque que da la Policía en la solución de problemas y la prevención. De ahí que la sintonía sea sustantiva. El papel de la comunidad es clave para la vigilancia. En Xalapa existen ejemplos de comunidades bastante seguras precisamente por las relaciones colaborativas entre la ciudadanía y de la comunidad con la Policía.