Política

¿Conversión?

junio 11, 2018

Entre el petróleo, las represas, la minería metálica a cielo abierto y el desmonte para tierras de agostadero, Veracruz es desgarrado. El achicamiento del Estado decididamente impulsado por la concepción neoliberal tomó en México la peor de sus formas. Un Estado de debilidad institucional crónica es, además, desmontado a favor de una concepción del mundo que favorece el monetarismo y la concentración extrema de la riqueza. Gobiernos pletóricos de ambiciosos funcionarios corruptos se encargaron de enajenarlo. El resultado, desde luego, es notoriamente desfavorable a los intereses del país y sus ciudadanos.

La Iglesia, sin embargo, ha tomado un giro inesperado a favor del interés público. Bienvenido el cambio, aunque haya pasado casi una década de que iniciara la invasión de empresas altamente corruptoras, sean canadienses, españolas o brasileñas, todas con presencia en el estado.

La Iglesia Católica ha decidido solidarizarse con el interés público. Es de celebrarse el cambio que denuncia, además, la amenaza bajo la que se ha puesto el abastecimiento de agua por lo pronto en Alto Lucero y Actopan. Pero el futuro del agua para consumo humano es realmente incierto en el país. Malas costumbres, incivilidad pública y gubernamental, mala administración de los recursos naturales y una larga cadena de inercias institucionales permisivas colocan al país en situación muy delicada. Apenas con tiempo para corregir antes de llegar a un punto de no retorno donde ya todo sea irremediable, siendo que el país tiene en general un clima semi seco. El 65 por ciento de las tierras del país son zonas áridas, semiáridas o subhúmedas secas.

La desertificación es un problema sustantivo para el que la ONU creó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. México firmó y ratificó la convención a mediados de los 90 e incluso fue de los primeros países en preparar un Plan de Acción para Combatir la Desertificación a nivel nacional. Lo hizo durante el gobierno de Carlos Salinas y, desde luego, ha quedado como letra muerta, cosa que en Veracruz salta a la vista. Varios gobiernos venales al hilo se encargaron de ello.

La degradación de los suelos en México afectaba en la primera década del siglo a casi el 45 por ciento de la superficie nacional. La generalización de la degradación de tierras ocasionada tanto por causas naturales como por antrópicas se estima en 70%. Es claro que el problema es muy grave y no existe certeza de contar con el tiempo suficiente para hacer las correcciones necesarias. Es un problema multidimensional definido por variables económicas, sociales y medioambientales que para su eventual corrección reclama la convergencia de acciones de la sociedad civil y de instituciones no gubernamentales, además de gobiernos honrados, claro. Es de reconocerse por ello el cambio de actitud de la Iglesia Católica, por lo pronto a nivel de discurso. Ya se verá con el tiempo la sinceridad y profundidad.