Política

Macron en Charlevoix

junio 10, 2018

El 7 de junio, un día antes de que los jefes de Estado y de gobierno de los países miembros del G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Japón, Italia y el Reino Unido) se reunieran en la localidad canadiense de Charlevoix para la 44ª Cumbre de Líderes de dicho mecanismo, Donald Trump recurrió a su cuenta de Twitter para lanzar varias acusaciones contra Canadá y la Unión Europea por, supuestamente, aprovecharse de Estados Unidos en materia de comercio internacional –esto con motivo del reciente escalamiento (por no decir guerra) comercial, luego de que Trump impusiera aranceles a las importaciones de acero y aluminio europeas y canadienses (también mexicanas, pero sobre ello ya escribí acá: https://goo.gl/NtkEBF)–. En uno de sus tuits, el presidente de Estados Unidos emplazó directamente al primer ministro canadiense Justin Trudeau y al presidente francés Emmanuel Macron. Mientras que Trudeau se mantuvo en silencio, Macron dedicó todo ese día a publicar –también vía Twitter – una serie de mensajes con relación al enfrentamiento comercial euro-estadounidense, a la Cumbre del G7 y a las relaciones internacionales en general.

Por cuestiones de espacio, recupero tan sólo los cinco mensajes que estimo más relevantes: "La voluntad para alcanzar un documento firmado por 7 países no debe ser más fuerte que el contenido del texto. No podemos descartar un acuerdo entre 6 + 1". "Ningún líder es eterno. Heredamos compromisos que nos trascienden. Los asumimos. Así es la vida de las naciones". "Los otros seis países del G7 representan, combinados, un mercado más grande que el de Estados Unidos. No hay que olvidarlo". "Lucharé contra la hegemonía con toda mi fuerza. La hegemonía es la sobrevivencia del más fuerte. La hegemonía es el fin del Estado de derecho". "Puede ser que al presidente de Estados Unidos no le importe estar aislado, pero a nosotros tampoco nos importa ser [G6] si es necesario".

Macron acaba de cumplir, en mayo pasado, un año de haber asumido la presidencia de Francia después de un ascenso meteórico en una elección en la que terminó derrotando a la ultraderechista Marine Le Pen con una agenda que podría resumirse en una reforma del contrato social sin renunciar a la globalización. En el ámbito interno, el saldo de su primer año es poco espectacular, con un 55% de la población francesa evaluando negativamente su gestión (los franceses tienden a ser muy duros en este tipo de valoraciones). En contraste, la misma encuesta reporta que el 63% considera que la política exterior francesa va por buen camino de la mano del actual presidente. Y es que, si bien sus reformas al mercado laboral han enfrentado una resistencia importante en su país, sus propuestas para impulsar el alicaído proceso de integración europea en materia económica y de defensa lo han ubicado en una posición de liderazgo a nivel internacional.

Después de que la canciller alemana Angela Merkel –calificada originalmente por los analistas como la nueva "líder del mundo libre" después de la llegada de Trump a la Casa Blanca– bajara el perfil de su acción internacional, ante las dificultades que debió enfrentar para formar gobierno después de un pobre desempeño electoral en 2017, es indudable que el presidente francés ha tomado la estafeta, si no de "líder del mundo libre" (expresión que no me gusta en absoluto), de portavoz y principal interlocutor político de Europa en el escenario internacional. Y así como después de la Cumbre del G7 el año pasado en Italia, Merkel volvió a su país afirmando que los días en que Europa podía confiar en Estados Unidos habían terminado, en esta ocasión es Macron quien antes de la reunión envía el mensaje de que Europa está lista para construir su propio camino en el mundo sin, o incluso, contra Estados Unidos.

A finales del año pasado, la revista The Economist publicó su análisis de prospectiva hacia 2018, en el cual planteó que una de las grandes tendencias que marcaría el presente año sería el ascenso de Macron mediante el avance de su agenda de reformas. Lo que hemos visto en este primer semestre, es que probablemente no será la política interna la que marque el ascenso del presidente francés sino su capacidad para posicionar a Francia como una fuerza definitiva en la conformación del orden internacional que se está gestando. Dicen sus críticos, por un lado, que hay pocos logros concretos de Macron en el mundo (lo cual puede ser cierto) y, por otro, que en realidad Francia siempre ha sido una fuerza importante en el ámbito internacional (lo que me resulta más bien nostalgia del imperio). Sea como fuere, después de lo que ocurra en Charlevoix, estoy cierto que en el futuro inmediato veremos cada vez más a Francia en los primeros planos de la política internacional. Lo advirtió Macron en el Foro Económico Mundial de Davos en enero pasado cuando dijo "Francia está de vuelta", y creo que tiene razón…

Twitter: @jesevillam