Política

Cautela y enjundia

junio 10, 2018

La suspicacia o el franco convencimiento de que el sistema de complicidades difícilmente dejará írsele de las manos el poder discrecional sobre miles de millones de pesos de recursos públicos, hace que muchos atemperen sus optimismos por las tendencias en la preferencia del voto.

Por esa razón, Tatiana Clouthier, coordinadora de la campaña de Andrés Manuel López Obrador, subrayó el imperativo de la presencia de observadores electorales internacionales que supervisen el proceso electoral completo, desde las campañas.

En efecto, la circunstancia del estado es harto complicada. Por un lado la constante determinante de la violencia como inquietante acompañamiento de todas las actividades de los gobernados (y gobernantes) en el estado.

Con tal cacofonía como acompañamiento, el compromiso familiar del gobernador del estado para heredar con disfraz republicano los poderes a su hijo, candidato del PAN PRD a la gubernatura. Todo esto en un estado financieramente quebrado, a la vera de la inviabilidad con una institucionalidad quebrada en prácticamente todos los aspectos de la convivencia social y política.

Una mezcla de conflictos de interés, dados cargados, hartazgo y enojo social apenas contenido, que ocasionalmente brota aquí o allá con los linchamientos de algunos infortunados acusados de delincuentes. Y, por encima de todo, peso distorsionador de un gobierno con abiertas intenciones sucesorias familiares.

La vida pública del estado está envilecida por sus actores, sea por permisivos, o por inconfesable interés. Es imperativo rescatarla. La única forma de hacer duradero tal rescate es con la participación activa de los ciudadanos individuales. Si la ciudadanía es capaz de vigilar a sus gobernantes y funcionarios, denunciar y exhibirlos, es muy probable que eso desate la cadena de acontecimientos que la ciudadanía tanto desea.