Política

¿"Estados Unidos primero" o "Que se chinguen nuestros aliados"?

junio 03, 2018

Durante la campaña por alcanzar la presidencia de su país, Donald Trump proclamó el eslógan "Estados Unidos primero" (America First) como el motor central de su gobierno. Hace apenas unos días, el politólogo y analista Ian Bremmer escribió que, más que "Estados Unidos primero" el motto de la presidencia de Donald Trump tendría que ser "Que se chinguen nuestros aliados", en vista de que las acciones del magnate han tenido más que ver con perjudicar a sus socios que con beneficiar a Estados Unidos. Es bien sabido que, en la mente de Trump, perjudicar a otros implica necesariamente obtener ganancias para uno mismo. Sin embargo, lo cierto es que durante sus sucesivos y variados golpeteos al orden internacional existente, es poco lo que ha ganado Estados Unidos y mucho lo que han perdido sus aliados en diversos rincones del mundo, e incluso los propios estadounidenses.

En esta lógica se pueden interpretar los bandazos de la Casa Blanca en su política hacia Corea del Norte – que pasa de burlarse de Kim Jong-il llamándolo "pequeño hombre cohete", a alabarlo por el "bello gesto de liberar tres prisioneros estadounidenses" y acordar una reunión con él, sólo para posteriormente cancelararla – en detrimento de la seguridad de Japón y Corea del Sur, sus socios en la región. También su reciente denuncia del acuerdo nuclear con Irán y la consecuente amenaza a los países europeos que formaron parte de la negociación del mismo (Reino Unido, Francia y Alemania) y que buscan mantener en pie el instrumento. Y en esta semana, el anuncio de que se impondrán aranceles a las importaciones de acero y aluminio (de 25% y 10% respectivamente) provenientes de México, Canadá y la Unión Europea.

Esta última medida, contraria a las reglas internacionales de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y del todavía vigente Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue justificada por el gobierno de Donald Trump bajo consideraciones de "seguridad nacional" pues, según el Departamento de Comercio de Estados Unidos, la industria nacional del acero y aluminio es estratégica y el país no puede depender excesivamente de las importaciones de esos materiales (hoy en día es el principal importador de esos metales). Más que poner a "Estados Unidos primero", una acción como esta responde al interés de "que se chinguen" sus aliados.

Y es que, como lo ha dicho en repetidas ocasiones el primer ministro canadiense desde que Washington comenzó a amenazar con la imposición de aranceles en marzo pasado, es ridículo y ofensivo que se lastime a sus aliados – Europa y sus vecinos y socios del TLCAN – argumentando razones de seguridad nacional. Además, y contrario a lo que piensa Trump, difícilmente estas pérdidas para sus aliados redundarán en beneficios para Estados Unidos en vista de que, aún sin considerar los aranceles compensatorios que ya anunciaron las tres economías aludidas, la gravación de las importaciones que recibe Estados Unidos provocarán en primera instancia un incremento de los precios que terminarán pagando – directa o indirectamente – los consumidores de ese país. Y en un plano más general, Estados Unidos estará quedando cada vez más aislado en el plano internacional, como lo deja ver una Europa que ha mostrado su voluntad de comenzar a caminar por su cuenta, sin confiar demasiado en la permanencia de la septuagenaria alianza atlántica.

Esta percepción seguramente se acentuará la próxima semana, cuando Canadá reciba a los mandatarios de Alemania, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y sí, Estados Unidos, en la Cumbre de Líderes del G7. Ya desde el año pasado, la Cumbre del G7 estuvo marcada por las divergencias entre Washington y el resto en materia de libre comercio y combate al cambio climático. De cara al encuentro de este año, algunos periodistas canadienses incluso han comenzado a referirse al mecanismo como G6+1, haciendo notar la distancia de Estados Unidos con sus otrora más cercanos aliados en el mundo desarrollado. En cuanto a México, la posición no podría ser más incómoda: un enfrentamiento abierto y concreto con el país del que depende la mayor parte de su comercio exterior, en medio de una campaña electoral y con un gobierno debilitado, tanto formal como simbólicamente, al encontrarse en sus últimos meses de gestión. Era posible resistir e incluso plantar cara – como en cierta medida se ha hecho en la renegociación del TLCAN – a un Washington que enarbolase una doctrina de "Estados Unidos primero". Sin embargo, poco puede hacerse ante uno que actúa pensando en "que se chinguen nuestros aliados"…

Twitter: @jesevillam