Política

La razón de la empatía

mayo 13, 2018

Luego de 10 años de violencia y horror macabros inducidos por gobernantes obtusos, hay razones sobradas para ser pesimistas irredentos. No tanto por las incompetencias gubernamentales de todo tipo y en todos los niveles como por la desesperante apatía de una sociedad que a todas luces está molesta y harta, pero que difícilmente está dispuesta a ir más allá del voto de castigo, lo que está por verse.

Por eso los colectivos de búsqueda de desaparecidos son, literalmente, la vanguardia que fundamenta todo cauto optimismo. Por su enjundia es que volverá a dársele visibilidad mundial a la tragedia humanitaria que vive el estado.

Los colectivos enviarán a las Naciones Unidas un informe sobre lo que pasa en Veracruz en materia de desapariciones. Una tragedia humanitaria en toda extensión e implicaciones del concepto.

La cachaza abúlica con la que las autoridades toman las cosas será vuelta a denunciar y exhibida internacionalmente con un informe dirigido a la organización mundial. Enhorabuena por la iniciativa que, por cierto, coincide con la reciente estancia en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, quien ha sido especialmente crítico y atento a las preocupantes inclinaciones militaristas gubernamentales que a claramente indican que los gobernantes simplemente no tienen la mínima intención de corregir para continuar dando solución de fuerza a lo que es, básicamente, un problema de profunda descomposición social por la depauperación y la falta de alternativas.

El gobierno veracruzano vuelve a ser exhibido en su indiferencia o incompetencia al afirmar que ha hecho nada al respecto y que sus investigaciones están estancadas.

Cuando los gobiernos actúan así, dejan todo el peso del resarcimiento sobre los agraviados, lo que no sólo es una nueva victimización sino la virtual aceptación de su inutilidad.

Las autoridades están obligadas, no hay argumento que valga para justificar su arrananamiento en el estado de las cosas. Pero lo realmente deseable es que el resto de la sociedad que no necesariamente ha sufrido la pesadilla de una desaparición se sume a estas voces. No tanto como muestra de solidaridad y empatía, sino por elemental sobrevivencia.