Política

Simbiosis

mayo 09, 2018

No son pocas las veces en que este espacio editorial ha hecho referencia al pacto de complicidades e impunidad de las élites gobernantes mexicanas vigente desde principios de la década de los ochenta, plenamente instaurado en los noventa y que implicó un cambio completo en la composición de esas élites gobernantes. Una casta política-burocrática corporativa, reemplazada por una casta técnico-administrativa educada en universidades extranjeras. Norteamericanas e inglesas, preferentemente.

Las consecuencias de ese pacto saltan a la vista de cualquier observador medianamente despejado y desde luego hincan cotidianamente el diente en los presupuestos familiares de una inmensa mayoría de mexicanos que se cuenta por millones. Pero pocas veces se hace tan evidente en la información en dos fuentes completamente distintas el mismo día.

Ayer, el periódico español El País publicó una nota informando que la élite empresarial mexicana se había involucrado de lleno en la campaña política al cerrar filas con Anaya en contra de López Obrador. Dice que "los grandes directivos consideran que la llegada al poder del líder de Morena supondrá una ruptura con el status quo actual y será dañino para la economía mexicana".

Bien, desde luego que el triunfo de Morena y su candidato a la presidencia implica la alteración del estado de cosas, y sí, el rompimiento de un status quo que ha sumido a país en el decrecimiento económico y la concentración obscena de la riqueza durante casi cuarenta años. Pero el daño económico al que aluden no será al país, sino a los intereses de ésa élite empresarial que se ha beneficiado bajo el ala de la protectora de los gobiernos neoliberales, a costa de los apuros económicos de los gobernados mexicanos. Lo que sucederá económicamente es que el país empiece a recuperar el control de su destino para beneficio de todos, no exclusivamente de las élites. Eso no quiere decir que las élites actuales pierdan, sino que sus ganancias no serán a costa de lo que los gobernados pierden. Pero, en efecto, la élite empresarial mexicana se mostró repelente a la figura y propuesta de López Obrador en una reunión reciente. Publicaron también hace apenas unos días un desplegado en el periódico Reforma de 4 planas. Media plana para lo que querían decir y 3 y medio pliegos para insertar los logos de las organizaciones empresariales de los estados. Un manifiesto corporativo, pues. Por lo que puede pensarse con acierto que no necesariamente el desplegado refleja el ánimo ni el convencimiento del empresariado mexicano. Pero independientemente de eso, se anuncia el lanzamiento de una muy probable campaña de miedo en contra de López Obrador. "El objetivo es llegar a junio con posibilidades de revertir los sondeos y acaparar el voto útil de quien no quiere la victoria del líder de Morena", afirma el diario según reportando conversaciones con una decena de directivos consultados mexicanos que pidieron permanecer en el anonimato.

Por otro lado, la nota de Jair García en la página 5 de esta edición informa de la incorporación del representante legal del grupo Higa, el dueño legal de la casa blanca de las lomas de los esposos Peña Nieto, al equipo del gobernador Miguel Ángel Yunes Linares.

No hace falta perspicacia alguna para notar que, en efecto, las diferencias entre las elites mexicanas son, si acaso, de nomenclatura y preferencias cromáticas en el vestir y partidarias, pero hasta ahí. No más que eso.