Política

Preventivas

mayo 08, 2018

En los usos y costumbres electorales mexicanos, nunca es momento de considerarse victoriosos hasta no tener contados y validados los votos. No tanto por prudencia como por las varias veces demostrada intención del sistema de complicidades para trampear la voluntad mayoritaria del electorado.

Los personeros del sistema, se empeñan no sólo en trampear las elecciones sino también en entorpecer los gobiernos locales que les son ajenos. Como pareciera ser el caso del gobierno estatal con el municipal xalapeño por la instalación de cámaras de vigilancia en calles de la capital. El gobierno estatal contrató con una empresa privada que fue inhabilitada hace 4 años. Desde hace más de un año se mantienen protestas constantes diversas dirigidas contra el gobierno de la ciudad. Sean empleados, comerciantes, precaristas o cualquier otra expresión de personas con apariencia de estar medianamente organizada.

Es un método de tensión contenida que mantiene una sensación de rispidez intergubernamental de baja intensidad. Puede ser no especialmente notorio, pero es un recurso que permite escalarlo y, eventualmente, generar condiciones de incertidumbre que exacerben los temores de una sociedad terriblemente impactada por casi 15 años de violencia macabra, harta de la indefensión por la ausencia del Estado y una completa debilidad institucional.

La instalación de tales cámaras de video vigilancia deja de lado principios elementales de convivencia y urbanidad intergubernamental. El gobierno del estado se dio a la tarea de instalarlas sin informar y menos conciliar con el gobierno local la intervención en el equipamiento urbano.

Ante la protesta y la suspensión municipal de la instalación, el gobierno estatal reclama al gobierno de la ciudad capital no haber hecho una sola clausura de bares.

El "diferendo" tiene demasiados signos de artificialidad, porque nada hubiera sido más sencillo que conciliar previamente con el gobierno local la instalación de tal infraestructura para la seguridad ciudadana.

El problema no radica tanto en las diferencias por los procedimientos y los protocolos de convivencia, como en la creación artificial de una tensión que puede ser escalada en el momento que su generador lo considere conveniente en tiempos donde las preferencias electorales rechazan mayoritariamente al estado de cosas e indican la inclinación mayoritaria a un cambio de régimen de gobierno.