Política

Estados Unidos en tres debates perennes

abril 20, 2018

El 4 de julio de 1976, el diario estadounidense The Washington Post publicó un número especial de su revista dominical para conmemorar el bicentenario de la independencia estadounidense. Como es natural, toda conmemoración nacional es, al mismo tiempo, una oportunidad para incentivar la reflexión sobre el presente y futuro de un país, particularmente, a partir del legado del acontecimiento conmemorado. Por azar, me encontré con un ejemplar de dicha publicación durante mi breve paso por Washington la semana pasada. Revisando sus páginas después de más de 40 años, encontré sorprendente la vigencia de muchas de las tribulaciones patentes en las reflexiones bicentenarias de nuestros vecinos del norte. La revista incluye artículos sobre el debate de la identidad estadounidense, la importancia de la innovación científica, la narrativa histórica del país, entre muchos otros temas. Captaron mi atención, no obstante, tres textos dedicados a tres grandes discusiones en la historia de Estados Unidos que a mi juicio siguen siendo fundamentales al momento de definir la forma en que el país se concibe a sí mismo: la dicotomía rural-urbano; las relaciones raciales; y el papel de Estados Unidos en el mundo.

Sobre el primer tema, el emigrado alemán nacionalizado estadounidense Wolf von Eckardt escribe un profundo lamento por la evolución de la urbanización en el país, reveladoramente titulado "Pavimentando el paraíso". En opinión de ese autor, la forma en que Estados Unidos había entendido y desarrollado las ciudades durante el siglo XX estaba teniendo un saldo devastador para la cohesión social y sostenibilidad ambiental. Así, se muestra como un acérrimo crítico de ciudades construidas en torno al automóvil, que terminan siendo "una isla de rascacielos en medio de un mar de estacionamientos". En oposición, recupera y reivindica las comunidades construidas a escala humana, pensando en la interacción permanente de sus habitantes –dinámica que tendía a predominar en ciudades pequeñas y pueblos–. Detrás de estas diferencias en la concepción de los espacios hay también diferencias sociales que, después de una evolución de décadas, hoy son factor en una grave fragmentación del país entre las costas, predominantemente urbanas y económicamente afluentes, y el interior, rural y aquejado por la pobreza.

Las relaciones raciales, por su parte, son uno de los temas más discutidos en el seno de la sociedad estadounidense. En el marco del bicentenario del país, Robert Maynard reflexionó sobre el incomodísimo pecado original de la hipocresía detrás de la fundación de la república estadounidense como un oasis de libertad a finales del siglo XVIII. Y es que esta libertad, como se sabe, estaba restringida a unos cuantos –los blancos–. El tema es de tal gravedad que, en la mayor convulsión en la historia estadounidense (la Guerra Civil) desempeñó un papel protagónico y definitivo. Todavía un siglo después, el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King puso el dedo sobre esa llaga de la hipocresía original, escondida siempre bajo la fachada de una Constitución que consagra la igualdad. Hoy, el ascenso de Donald Trump y su aquiescencia ante un incremento en las tensiones raciales ha echado por tierra el optimismo de quienes vieron en la presidencia de Obama la superación de esta discusión. Como en 1976, como a lo largo de toda la historia de ese país, el debate sobre el alma estadounidense sigue estando atravesado por la cuestión racial.

El tercer texto en llamar mi atención fue aquél dedicado al papel de Estados Unidos en el mundo. Escribiendo meses después de la ominosa retirada de Vietnam por parte del Ejército estadounidense y el consecuente pesimismo político en Washington –agravado por la previa renuncia del presidente Nixon en 1974 ante el escándalo de Watergate–, Philip Geyelin abogó por la necesidad de encontrar un equilibrio entre la imprudencia internacional y el aislacionismo, evocando a Washington y a Jefferson, quienes al fundar el país pensaron que sus relaciones internacionales debían limitarse al comercio y nunca ingresar en el terreno de las intrigas políticas. Actualmente, con Afganistán e Irán a cuestas, y con el errático comportamiento de Trump en la arena internacional, la discusión sobre el papel de su país en el mundo es tan vigente como entonces.

Por lo pronto, este año Estados Unidos tendrá elecciones para renovar a su Congreso. La dislocación dentro del sistema político que representó Donald Trump, así como el replanteamiento que su presidencia y las fuerzas que la respaldan han significado para estas tres discusiones, medirán sus alcances cuando en noviembre próximo, los ciudadanos de ese país nuevamente acudan a las urnas.

Twitter: @jesevillam