Política

Docilidad nacional

abril 09, 2018

El mismo día en que el presidente estadounidense anunció el despliegue de la Guardia Nacional en la frontera con México, con apenas un par de horas de diferencia en Veracruz se detuvo en Orizaba a un grupo de centroamericanos que marchaban en el Viacrucis del Migrante. Algunos que lograron llegar a Tierra Blanca contaron que los detenidos por las reactivas autoridades mexicanas se habían separado de la caravana para continuar su viaje a los Estados Unidos.

Si esto es cierto es dable sospechar que el gobierno tiene inteligencia de los planes de participantes de la caravana y fueron específicamente contra los que pensaban continuar hacia el territorio del país vecino. En total aquiescencia, el gobierno mexicano ha confirmado su dócil subordinación a la agenda político electoral del presidente Trump, particularmente en algunos aspectos contrarios al interés nacional, por lo menos en cuanto a lo que un mínimo de dignidad se refiere.

El discurso del presidente Peña Nieto difundido en redes sociales parece haber tenido buena acogida en una parte significativa del auditorio mexicano.

En realidad dicho discurso es apenas algo más que bisutería de mala calidad dirigida a calmar los sentimientos y susceptibilidades nacionales, y que al gobierno y sistema estaduonidenses les tiene sin el menor cuidado porque les afecta en nada. El público de ese país ni se entera.

El presidente mexicano toma providencias, evita el tema y bordea en positivo sobre esfuerzos, profundizaciones, avances y defensas inexistentes. Elude el peso del disenso montándose en el discurso de los legisladores e integra los posicionamientos de los candidatos a la Presidencia. Es un discurso dirigido al consumo mexicano que en los Estados Unidos es letra muerta. No tiene el menor interés porque no apela a ninguno de los intereses del auditorio estadounidense. Mucho menos a los del gobierno. Penoso, se dirige directamente a Trump y le dice que el gobierno mexicano no permitirá que las relaciones entre ambos países sean definidas por la retórica.

Es irrelevante y errado. Las decisiones del gobierno estadounidense no son retórica, son un acto de franca hostilidad. Desplegar a la guardia nacional sin la urbanidad de consultarlo con el vecino es franca hostilidad. Antes lo hicieron Bush y Obama, pero consultaron y dieron aviso primero al gobierno mexicano.

El gobierno mexicano ni siquiera ha llamado a su embajador a consulta como muestra de inconformidad.

La decisión no es nueva. Se había anunciado internamente hace más de un año cuando circuló un memorando de la administración vecina en el que proponía movilizar 100 mil efectivos de la Guardia Nacional para detener inmigrantes indocumentados en la frontera sur. En aquel momento un portavoz de la Casa Blanca denunció tales informes como irresponsables.

El actual gobierno mexicano no tiene ni soca de idea de cómo impactar en la opinión pública norteamericana. Reacciona para paliar ánimos internos.

Pero no hay que perder de vista el nombramiento a fines de marzo pasado de John R. Bolton, embajador en las Naciones Unidas, como asesor en seguridad nacional. El tercero de la administración y un halcón que ha manifestado su disposición de apelar a las armas nucleares.

Esta administración, al igual de las dos anteriores, han sido supinamente ignorantes de la realidad norteamericana y cómo impactar en ella. Por eso es que han apelado al chauvinismo nacionalista mexicano para distraer y disolver tensiones internas.