Política

Justificadas preocupaciones

marzo 14, 2018

Desde 2006, Veracruz, junto con buena parte del resto del país, vive en condiciones de violencia colectiva. Ésta es cuando un grupo de personas inidentificadas como tal ejerce violencia contra otro grupo de personas para lograr objetivos políticos económicos y sociales, según la Organización Mundial de la Salud. Fue el gobierno panista de Felipe Calderón el que metió al país en la actual espiral decadente de violencia. El gobierno priísta de Enrique Peña Nieto la continuó sin cambios. Las consecuencias para la población han sido devastadoras.

Más que natural, es obligado que la ciudadanía esté irritada con los gobiernos recientes. Tanto los federales como los estatales que avalan o han reproducido las decisiones que condujeron al presente estado de descomposición. La solución de fuerza como panacea para lidiar con problemas complejos.

Durante 12 años, el malestar ciudadano se ha acumulado. La inconformidad y el hartazgo son las respuestas a las decisiones de mantener un modelo económico que polariza los ingresos y, junto con ello, a la sociedad.

La corrupción, el desprestigio de la política, la inequidad, la violencia colectiva, la prioridad dada a los mercados antes de cualquier otra consideración, el cinismo de los tomadores de decisiones, los problemas globales que nos afectan directamente frente a los que el gobierno hace nada, o los agrava.

El malestar es generalizado y los gobiernos lo saben. No se sienten culpables, ni siquiera responsables, pero sí saben que el enojo es contra ellos.

Por eso suena entre peregrino y exasperante la declaración de Enrique Peña Nieto ayer en la ciudad de Perote en el sentido de que espera que los mexicanos no se dejen influenciar por las falsas verdades y mentiras que corren en redes sociales y diversos medios noticiosos. Es improbable que la sociedad se deje engañar por noticieros, medios afines y bots generados por el gobierno en redes sociales, ya que los identifica la gran mayoría de las veces.

Pero el presidente no se refería tanto a la comunicación gubernamental, a la que difícilmente calificaría de mentirosa, como a las críticas y el escarnio que se hacen de él y su gobierno en medios independientes y redes sociales.

Luego pronunciaría un discurso generoso en lugares comunes y verdades de Perogrullo, especialmente con el fin de responder frente a la enorme diferencia en las preferencias electorales donde su candidato permanece en un muy lejano tercer lugar.

Quedó claro que, en efecto, como mencionó el gobernador Yunes Linares, comparten posiciones. No de candidatos, pero sí de modelos económicos y sociales, prianismo le llaman a eso.

Es claro que comparten preocupación por cómo van las campañas y las preferencias. También es claro que, vista la elección en el estado de México, están dispuestos a todo, o casi todo porque lo que pierden en cuanto a la apropiación discrecional del dinero y bienes públicos es inmenso.