Política

El yerno de Trump y la despedida de su embajadora

marzo 13, 2018

Dramatis personae: Kushner, Peña Nieto, Trump, Videgaray, Guajardo, Breier y una embajadora ausente.

Cortina de fondo: Declaraciones descomunales contra México en ocasión de muro, mexicanos repudiados, renegociación del TLCAN.

Respuesta: Controlada actitud mexicana.

Siguiente escena: Aparatosa llegada el miércoles 7 del señor Jared Kushner a Los Pinos con un mensaje de su suegro, el presidente Trump, al presidente Peña Nieto. El protocolo expresa la importancia y posible trascendencia del evento en puerta y disimula la expectación. Una tranquila foto de los asistentes actores en una sala de la residencia indicará luego el ambiente de sencilla conversación. La peculiar desubicación de cada uno de los presentes corresponde al desorden con que se desenvuelve la nueva relación bilateral.

Las conversaciones entre un presidente de república y un asesor, por muy principal "senior", que fuera, no respetaron la indispensable congruencia jerárquica que les asegurara adecuada ejecución especialmente en los diversos temas de mucho fondo y trascendencia que se mencionan. La presencia de una mera subsecretaria, Kimberly Breir, subrayó este desequilibrio que, visto de otra manera, reflejó el rango decididamente inferior que Trump asigna a México y a su presidente dentro de su agenda.

La ausencia de la Embajadora Jacobson, aún en funciones, fue notoria. Su exclusión tuvo que ver con su próximo retiro de dicho cargo. Habiendo tardado más de seis meses en tomar posesión de su embajada, su estancia efectiva aunque corta, dejó una huella altamente reconocida en los muchos amigos mexicanos que ella acercó a su país. Su salida del equipo diplomático del presidente Trump no es la única que se da en estos días.

En el enjambre de las enredadas relaciones entre México y Estados Unidos, la adición de la visita de Kushner hace más difícil hallarle un hilo de racionalidad a los propósitos y métodos de los intercambios con Washington que, desde siempre, dependen directa y exclusivamente (jf1) (jf2) del humor del presidente norteamericano. El comportamiento de Trump es el de príncipes medioevales o de atrabancados dictadores de hoy.

Sigamos con el relato. El señor yerno, ahora reducido en competencias y prerrogativas que le veda acceder a secretos "de estado", es formalmente recibido por el presidente de México acompañado de sus secretarios de Relaciones Exteriores y de Economía, para escuchar el mensaje del presidente Trump. Terminada la sesión formal, hubo una reunión de trabajo de los dos equipos que se extendió por tres horas. Se examinaron asuntos como un programa de movilidad circular para trabajadores agrícolas, el tráfico de drogas, el combate a las mafias y corrientes recíprocas de armas y dinero. De igual manera, se trató la seguridad fronteriza, el desarrollo de Centroamérica y las negociaciones del TLCAN.

Tras de las conversaciones el grupo norteamericano liderado por Jared Kushner se despidió afirmando que su suegro mandaba decir que un nuevo encuentro entre los dos presidentes dependerá del avance en los acuerdos sobre una relación bilateral "integral", lo que incluye el TLCAN, además de temas de seguridad, migración y cooperación económica.

Desde su muy peculiar óptica, la repentina visita es parte de la estrategia de negociación del presidente Trump que consiste en halagar a la víctima antes de asestarle el golpe. Percibimos que va a tratar a México con dureza, eliminando o alterando sus actitudes sobre el TLCAN para moldearlo a su entero gusto mientras construye en la frontera el muro de sus obsesiones. Mandar a Kushner a Los Pinos calza perfectamente dentro del ajedrez del descarado poder que maneja su suegro.

El nuevo episodio en el quebrantado curso de la relación de Trump no augura buenos tiempos. Coincide con extrañas y arbitrarias decisiones tomadas en la oficina ovalada de la Casa Blanca. Fiel a su método que se vale de contrastes intencionados, ni a México ni a Canadá nos afectan, por 30 días al menos, los aranceles que se imponen a productos de acero y aluminio. Del que las negociaciones actuales sobre el TLCAN sean del agrado del presidente Trump dependerá la gracia que él nos ha de dispensar n

juliofelipefaesler@yahoo.com