Política

Movilización para la paz

marzo 11, 2018

Terminante, Miguel Álvarez Gándara pone las cosas en claro y en perspectiva: si la sociedad civil no se moviliza y asume su responsabilidad en términos individuales, las probabilidades de recuperar la paz y las relaciones de confianza serán cada vez más reducidas.

Construir la paz y recuperar el futuro en mejores condiciones pasa antes por la asunción, en términos individuales, de que la forma para que las cosas mejoren para todos pasa antes por la conciencia de las responsabilidades y tareas de lo que debemos hacer como individuos sociales en conjunto.

En general, desde hace por lo menos 15 años, las organizaciones de la sociedad civil han adquirido un activismo creciente. Hay quien las considera las protagonistas de una nueva forma de gobierno: la gobernanza. Hay países en donde se las convoca a integrar consejos consultivos en las dependencias gubernamentales, en los que supuestamente se definen las políticas públicas y los programas; se invita a sus dirigentes a incorporarse en la conducción de programas de gobierno.

Desde hace casi 40 años, con el auge del neoliberalismo, sus dogmas y autos de fe, el Estado se ha retirado de la atención social o ha reducido su papel en términos sustantivos. Hay quienes piensan que las ong pueden cumplir una función supletoria en la atención de programas sociales. Está por verse si ese sería el mejor papel para las organizaciones no gubernamentales.

Lo que es indiscutible es que sin la participación activa de la sociedad civil en los procesos de tomas de decisiones sustantivas de gobierno en materias tan sensibles como la seguridad pública o la cotidianidad de la educación pública –entre otros varios– no hay forma de asegurar que las cosas mejoren para los gobernados.

Parte importante de las consecuencias de ambientes sociales hostiles es la degradación de los niveles de confianza para desarrollar acciones para la mejoría de la vida comunitaria, sean en un pueblo, en un barrio urbano o en cualquier unidad habitacional.

La forma de combatir y revertir la atomización de sociedades compuestas por individuos aislados, es con la construcción de capital social, esto es, la construcción de relaciones sociales enfocadas en la solución de problemas comunes y donde los beneficios son socializados al igual que los esfuerzos para lograrlos.

El resultado lo define y resume lacónico Álvarez Gándara: la recuperación de la dignidad.

Un aspecto y categoría que ningún gobierno puede dar desde su condición de autoridad porque depende de la sociedad que asume su dignidad y la reclama porque no se pasma ante los problemas que los gobiernos no pueden, o no quieren, o no saben resolver.

Dicho en breve, si bien parte importante de encaminarse hacia la solución de los problemas que asuelan al país pasa por el cambio real de régimen, no la mera alternancia entre socios incómodos, poco de eso será efectivo y realmente significativo si no va acompañado por la actitud activa de la sociedad, de los individuos de esa sociedad. Sin eso, no hay garantía de nada. Como se vio luego del año 2000.