Política

Las Desventajas

marzo 07, 2018

La formación política veracruzana, como la del resto del país, deriva de una larga tradición educativa autoritaria e intolerante a la diversidad. Lo que explica las serias limitaciones para llegar a acuerdos sólidos a largo plazo entre actores políticos, sean o no del mismo signo. Una formación que se recibe por igual en el seno familiar como en la escuela y que tiene el respeto por toda forma de autoridad. Esto es un poderoso disuasivo para el involucramiento de los gobernados en las cuestiones y decisiones de interés público. La política se le ve con apatía cargada de grandes dosis de cinismo. Hay, sin embargo, de unas décadas para acá, signos alentadores de cambio, aunque aún marginales. La tendencia, por ejemplo, de algunos sectores a participar de los asuntos públicos, a mayor participación menos espacio para el autoritarismo; la propensión relativamente reciente a aceptar como válido el derecho al disenso, en la medida que se consolide habrá menor autoritarismo; y la manifiesta propensión a oponerse y condenar la supresión de libertades democráticas de expresión, reunión, asociación, prensa. A mayor oposición, menos espacio para el autoritarismo.

Hay, sobre todo en la población urbana, una inclinación democrática que se resiste casi naturalmente a los argumentos de autoridad y a sus imposiciones. No obstante, esos mismos ciudadanos parecen estar menos dispuestos a aprobar las oposiciones al gobierno cuando éste es autoritario y dispuesto a negar o suspender los derechos democráticos. Eso explica en parte la facilidad con la que los gobernados en el estado aceptan sin mayor dificultad la sustitución de un gobierno autoritario por otro igualmente autoritario sólo que de signo distinto.

En realidad, la llamada transición a la democracia que estableció como fecha de inflexión el año 2000 ha sido demasiado larga, sinuosa, en buena medida timorata y siempre ha adolecido de lo sustantivo: la ciudadanía. Única variable con la que se podría satisfacer la otra gran falla de la transición, el pacto fundacional con el cual modificar las reglas del juego, las instituciones. A diferencia de los muchos referentes de cambios democráticos en Europa y el sur del continente, en México no se derribó el régimen antidemocrático ni los reflejos sociales antidemocráticos han sido suficientemente acotados. Por el contrario, pareciera haber una inquietante tendencia a la aceptación de gobernantes autoritarios que someten a su propia agenda política la agenda de los gobernados.

La desconfianza ciudadana hacia las instituciones del sistema es definida por la percepción que se tiene del desastroso desempeño institucional habido en el estado durante tres lustros al hilo.