Política

Espejo binacional/II

marzo 06, 2018

Así como la sucesión presidencial estadunidense de 2016 está fungiendo como el catalizador de un reacomodo ideológico en el seno del bipartidismo de aquel país, el proceso electoral en el que México se encuentra inmerso ha dado ya señales claras de estar dislocando gravemente el sistema de partidos en el país. Hace un par de semanas, Jesús Silva Herzog Márquez escribió que en México "ya no existe ese arreglo que estructuraba la competencia a través de tres opciones ideológicamente distinguibles" (https://goo.gl/2ujBu1) –el PRI en el centro, con Acción Nacional a su derecha y el PRD a la izquierda. Este arreglo, dice Silva Herzog, ha quedado deshecho, pues las tres grandes coaliciones que aparecerán en la boleta presidencial el próximo 1º de julio (PRI-Verde-Nueva Alianza; PAN-PRD-MC; y Morena-PT-Encuentro Social) "no son alternativas coherentes".

A la luz de los cuantiosos personajes que han cambiado su afiliación partidista en los últimos meses, así como de la suscripción de alianzas con motivos meramente transaccionales y antitéticas en términos ideológicos, coincido en términos generales con Silva Herzog. Diferiría acaso con su conclusión, donde apunta hacia un sistema con partidos "más débiles y más incoherentes". No creo que el dislocamiento en el sistema de partidos tenga que ver con una disminución en la importancia del partido como institución, sino más bien con un reacomodo de cada una de las fuerzas en el espectro –eso sí, un reacomodo nada menor y posiblemente mucho más importante que aquel que resultó de la escisión del PRI y el nacimiento del PRD en 1988.

Y es que, a diferencia de aquel año, después del cual el PRI se mantuvo como el centro de la vida política mexicana, es posible plantear hoy como hipótesis que después de 2018 ese partido dejará finalmente de ocupar ese espacio en el espectro, en el cual bien podría ser suplantado por Morena. Este último es un instituto que se ha pensado de izquierda al haber nacido de una fractura en el PRD, pero que su funcionamiento, plataforma y –recientemente– listas de liderazgos y candidatos, lo revelan más bien como una amalgama capaz de acomodar a las más diversas (y hasta contrapuestas) posiciones políticas en su seno. De resultar cierto ese futuro para Morena como centro del sistema, es previsible pensar que el resto de los partidos que sobreviva al 2018 se acomode alrededor. En este sentido, resulta curioso recordar aquellas declaraciones de López Obrador según las cuales su "referente es el general Cárdenas", cuando el funcionamiento de su partido se parece mucho más al del callista Partido Nacional Revolucionario (PNR) que a su sucesor cardenista Partido de la Revolución Mexicana (PRM).

De tal suerte, tanto México como Estados Unidos se encuentran en un momento de enfrentamiento con sus respectivos fantasmas, cada uno a su lado del muro. Las consecuencias de estas miradas en el espejo comenzarán a ser claras en los próximos años, pero lo cierto es que, cuando los presidentes de México y Estados Unidos se vuelvan a ver las caras en un encuentro bilateral de alto nivel, estarán representando a países políticamente muy distintos a aquellos que representaban Barack Obama y Enrique Peña Nieto cuando se reunieron por última vez en julio de 2016. En vista del reciente fiasco telefónico entre los mandatarios y la permanente intransigencia del presidente Trump, por lo visto tendremos tiempo suficiente para, como sociedades, vernos en el espejo, intentarnos responder hacia dónde pretendemos ir, y a partir de eso, cómo nos queremos relacionar con nuestros vecinos.

Fuimos Peces

Ya está circulando el número 5 de Fuimos Peces | Revista digital de ciencias sociales y humanidades. Pueden consultarlo en www.fuimospeces.mx