Política

Peligros

marzo 05, 2018

Hacia el final de la administración federal, el gobierno lanza una señal ominosa con la muy criticada Ley de Seguridad Interior que otorga a la presidencia y a las fuerzas armadas atribuciones meta constitucionales para el uso de la fuerza. Cosa delicada en extremo dado el manifiesto enojo social contra el gobierno, evidente en las preferencias electorales que se plantan amenazadoras para la urdimbre de intereses patrimonialistas que sofocan y paralizan al país desde hace décadas.

El daño patrimonial hecho a la nación con la combinación de reformas anti nacionalistas y cleptocracia es mayúsculo. Nunca había habido una explosión de corrupción tan generalizada nacionalmente como la que se ha dado en el sexenio de Peña Nieto.

No hay forma de revertirlo y una elección trampeada como la que anunciaron las elecciones pasadas en el estado de México puede precipitar cursos de acontecimientos completamente indeseados que sobre una base de descontento como el existente el gobierno prefiere prevenirse y darse los instrumentos de fuerza y el marco para usarlos discrecionalmente. Mala cosa, y explica que se hayan presentado por toda la República más de mil amparos contra la ominosa ley.

Y mientras esto sucede con las fuerzas armadas que durante años han tenido ásperos roces con la ciudadanía, además de un largo rosario de casos fatales, se encuentra flotando en Río Blanco el cadáver torturado de un hombre joven del que se afirma había sido detenido por la Policía Estatal. El hecho debe hacer sonar todas las alarmas de las autoridades porque significa que la estructura criminal anidada en el gobierno pasado en las instituciones estatales de seguridad pública sigue funcionando en sus términos, independientemente del cambio de gobierno y de mandos.

El asunto es mayúsculo por estructural y sugiere que no basta con la alternancia en el gobierno, es necesario cambiar el régimen, reconfigurar las instituciones para empezar a sanear el cuerpo social para recuperar la capacidad de decisión sobre el destino.