Cultura

Abuso, estulticia y arrogancia

marzo 04, 2018

Las exitosas novelas de la escritora británica Jane Austen adaptadas al cine (Orgullo y prejuicio; Sensatez y sentimiento; Amor y amistad) discurren en un entreverado de contextos sociales en los cuales la autora, mediante el tratamiento sutil de pasiones humanas confrontadas, logra integrar un fresco y un relato de época que se antoja atemporal, con buena y necesaria dosis de cursilería. En ellas, las dualidades resultan complementarias, más que antagónicos y cada quién se reconoce en ellas.

Sin la elegancia de los personajes, la crudeza de las situaciones y sin las consecuencias afortunadas o fatales, lo escenificado en días recientes entre una dependencia especializada de la Fiscalía General del Estado, un equipo de investigadores de la Universidad Veracruzana y la propia rectoría de la UV, pasa de la debida seriedad del caso al inevitable sarcasmo, pues cada protagonista se asume trascendente e inapelable. Hay en ello abuso de autoridad, estulticia institucional y arrogancia personal.

El recuento. Un equipo de investigadores que propusieron un proyecto transdisciplinario obtuvieron un apoyo financiero de parte de la Universidad Veracruzana para realizarlo. La investigación "La U.V. como constructora de paz: alternativas a las violencias en Veracruz" –así se denomina– aborda asuntos relevantes concernientes a la violencia que se manifiesta en algunas de sus formas delincuenciales; hecho esto mediante cortes y métodos propios de la investigación social, lo cual no ha de entender ni atender el fiscal del estado, pero sí la rectora Sara Deifilia. Cabe anotar que, años atrás, otros investigadores de la UV han abordado esta problemática de manera sistemática, desde enfoques diversos y con suficiente rigor, incluso con recursos gubernamentales etiquetados, sin que se hayan generado tales sainetes.

El 22 de febrero, en el marco de un evento en el cual el equipo investigador presentó sus avances, el simple dato derivado de las encuestas –el dispositivo de investigación social más socorrido– aplicadas entre estudiantes universitarios señala que, en la lectura parcial de la información, los encuestados declaran en 9 casos haber sido víctimas de un secuestro; en tanto otros 27 habrían sufrido levantones. Como debe suponerse, la fuente de esta información es anónima y la interpretación es relativa, por lo que no puede constituir un elemento testimonial para una investigación en curso o por abrirse, lo cual no obstó para que la fiscalía estatal entregase, en el mismo espacio académico del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, un citatorio a la Dra. Rosío Córdova, escrito en un lenguaje propio de la cultura del abogado, que agobia y preocupa por la celeridad en que la Fiscalía Especial en Atención de Denuncias por Personas Desaparecidas redactó el documento y por la forma tan inapropiada en que le fue entregado, pues para este caso y cualquier otro, la citada tiene un domicilio particular en el cual puede recibir notificaciones. Sin embargo, como si la investigadora pudiese evadir el emplazamiento, la fiscalía se luce "exhortándola a que se presente ya que en caso contrario se hará uso de la Fuerza Pública (así, con mayúsculas) conforme a lo establecido en el artículo 364 del Código Nacional de Procedimientos Penales". Burdo e innecesario "calambre", seguido de un "usted disculpe" y se cierra el caso.

La presunción de que la Dra. Rosío Córdova pudiese ampliar alguna información concerniente a los datos que aporta la investigación, bien se podría aplicar a los directivos del Inegi y que estos fuesen citados ante el cúmulo de percepciones y sentimientos de inseguridad latentes, y un número incalculable de víctimas directas e indirectas en todo el país. Se trata, simplemente, del derecho y la capacidad que tienen los ciudadanos para testimoniar situaciones que, por diversas razones, no pasan por los aparatos de seguridad y las instituciones de impartición de justicia.

Lo que vino fue igual o más lamentable. La respuesta de la rectoría en palabras de su abogado general fue limitada, torpe, medrosa, y algún otro adjetivo que realmente se merezca. Sin asesores que le cuiden la imagen o víctima de sus arrebatos, la rectora Sara Ladrón de Guevara no alcanza a convencer a la comunidad universitaria en sus fallidos posicionamientos en este y otros asuntos; aunque quizá lo lograse si se deslindara de sí misma.

Al día siguiente, y luego de comparecer ante la fiscalía, la Dra. Rosío Córdova, más que empoderada, desciende las escalinatas del edificio y en entrevista improvisada declara enfática: "Pero claro que a mí no me parece que se me esté pagando por hacer trabajo que después me dicen que no reconocen, repito, una académica de mi jerarquía, de las que hay muy pocas en la Universidad Veracruzana, creo que no debe recibir ese trato". Y si no quedó claro, y para consuelo y ejemplo de sus colegas en la UV, desenfada reiteró, "No somos improvisadas (…) soy de las pocas SNI 3 en esta universidad, sé hacer investigación reconocida nacional e internacionalmente". Visto así, a la Dra. Rosío Córdova le queda chica esta universidad, por lo menos, pues al parecer posee el monopolio de sofisticadísimos métodos de investigación social. Ni huella de tacto ni humildad.

No es difícil imaginar el desenlace. La fiscalía y sus superagentes seguirán tan frescos como lechugas; por nada se conmoverán y seguirán actuando con la peculiar interpretación de la ley y con la delicadeza de un rinoceronte a la orden de las torceduras del señor gobernador. La rectora Sara L. de G. seguirá reinando en las Lomas del Estadio sin que a su alrededor brille alguna mente áulica que la salve del descrédito y, por supuesto, jamás se expondrá a que la comunidad universitaria debata su permanencia, como lo sugiere la Dra. Rosío Córdova, en un buen duelo de mujeres con misma matriz humanista, se supone. La antropóloga, cobijada por los medios y con la solidaridad legítima e incondicional de algunos sectores de la academia, lo agradece anteponiendo el repertorio conocido de su currículum. Habría que imaginar qué piensa al respecto de este desplante el resto de los investigadores que tristemente se ubiquen por debajo de su estándar.

En esta retorta se destila mucho orgullo y prejuicio; poca sensatez y sentimiento. Nulo amor y alguna dudosa amistad. Y mucha, mucha mala educación.