Política

Entre Columnas

febrero 21, 2018

◗ Juventud: el olvido

Tal vez algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud

Quino

Es preocupante que las agendas de gobierno soslayen las necesidades de los jóvenes mexicanos, pues éstos transitan por territorios peligrosos de abandono que muchas veces solo aciertan a manifestarse de manera violenta y de formas cada vez más crudas de descomposición. El quehacer público parece inmóvil, rígido, sin vocación de adaptar políticas públicas hacia programas incluyentes que respondan de mejor manera a los modelos y circunstancias de nuestra diversa juventud.

Ser víctimas o victimarios pareciera ser la única dicotomía del presente y futuro inmediato de los millones de mexicanos jóvenes que representan una cuarta parte de nuestra población nacional, pues la gran mayoría son marginados. La alta probabilidad de que este planteamiento sea cierto dadas nuestras deterioradas condiciones sociales, asusta.

Según investigadores, en medio de una crisis estructural, el desencanto de esta franja generacional respecto del Estado da pauta a imaginar que se acentúen las posibilidades de acciones negativas, individuales y violentas, más que reacciones positivas en favor de la sociedad. Cuando se viven condiciones reales de pobreza, desigualdad y exclusión, cuando cotidianamente se sufren carencias y atropellos, son poco probables las respuestas ciudadanas favorables, aunque las haya ejemplares, enaltecidas por valores y principios.

Los ejemplos de vitalidad positiva de grupos juveniles han estado presentes, se manifiestan lejos de estructuras ideológicas y según Rossana Reguillo Cruz de la Universidad Jesuita de Guadalajara en "comunidades de sentimiento", como "reivindicaciones de resistencia cultural" a decir de Alfredo Nateras Domínguez de la UAM-Iztapalapa.

Para los investigadores, las juventudes operan y se organizan para enfrentar problemas inmediatos; el ejemplo en México sería el #YoSoy132 que pugnó por la libertad de expresión como una protesta de sentimiento de hartazgo fuera de las instituciones y las ideologías, que corrió y se acrecentó gracias al desarrollo de las tecnologías, particularmente de las redes sociales, así para Regillo: "La tecnología es un marcador central en las identidades juveniles y un dispositivo que arma, forma y da sentido a su vida y a sus prácticas…". La tecnología es la marca de época de una juventud que la usa tanto para afirmar sus pactos con la sociedad de consumo, como para marcar sus diferencias y críticas a esa sociedad".

Al respecto, Sergio Aguayo plantea que si bien existen jóvenes que buscan construir una cultura nueva, también existen jóvenes que utilizan a las redes para la difamación o la difusión de notas falsas y al mejor postor. De víctimas a victimarios, decíamos, y los datos están allí, crudos. De acuerdo con el Inegi, entre 2012 y 2016, una de cada cinco víctimas de homicidio fue un joven de entre 15 y 24 años con un recuento de 92 541 homicidios dolosos. De los victimarios, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, se calculan unos 30 mil niños y jóvenes que trabajan para la delincuencia organizada.

No son los únicos datos de la tragedia de nuestro país reflejada en nuestros jóvenes. El 32 por ciento de la población carcelaria en México la componen jóvenes de entre 18 y 29 años; más datos: cuatro de cada 10 emigrantes tiene entre 15 y 24 años, y casi tres de cada 10 entre 25 y 34, según datos del Inegi.

La tragedia es mayor al conocer que, según la organización Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, más de 11 millones de jóvenes entre 18 y 30 años no tienen ni empleo ni oportunidad a la educación, que más de 600 mil jóvenes abandonan anualmente los planteles de educación media superior sin una oportunidad de concluir su formación y lograr mejores empleos, quedándoles como opciones solo el trabajo informal, conductas de riesgo u ocupaciones ilícitas.

El punto es esa figura objetiva, desdibujada, transparente de los jóvenes en las agendas del Estado como si no fuera un tema relevante, estratégico. Pasar de largo en la propuesta o diseño de políticas públicas para potenciar el bono demográfico se ha convertido en una constante negativa que devela y conduce a deficiencias de mayor calaje, y es la ausencia de una visión de mediano y largo plazo para empoderar, educar y construir emprendedores, ciudadanos responsables.

Urge abrir el horizonte, la mente y el corazón para dar perspectiva de futuro a una población que desfallece ante la marginación y la falta de oportunidades, pues como bien lo dice Sergio Aguayo "nuestros jóvenes están replicando el deterioro de los valores cívicos que vive el país".

La bitácora de la tía Queta

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