Política

Cuenta atrás

febrero 19, 2018

Está por terminar el sexenio más corrupto de la historia del país. Cosa que es mucho decir en un país que se ha caracterizado por la debilidad de sus instituciones, la corrupción sistémica de sus gobiernos y la variante miscelánea de cómplices privados.

Hace unos una semanas, Animal Político documentó la forma en que el gobierno federal, con la ayuda de varios gobiernos estatales priístas desvió más de 3 mil millones 400 mil pesos del dinero de los mexicanos. Once dependencias federales llevaron a cabo un fraude por 7 mil 760 millones de pesos destinado a programas para paliar la miseria de los más pobres del país.

Sedesol, Banobras y Pemex fueron exhibidas como las dependencias que más dinero público desviaron.

En diciembre, el singular gobernador panista de Chihuahua, Javier Corral, hizo públicos los desvíos millonarios del ex gobernador César Duarte. Revelación que puso en severos aprietos al PRI y varios de sus santones por las revelaciones hechas sobre la forma de financiar las campañas priístas en 2016.

En periodo muy breve, unos cuantos meses, se ha logrado documentar el entramado estafador instrumentado por los principales jefes del PRI para financiar campañas políticas de manera doblemente ilegal, y doblegar, untándola, la voluntad popular y su repudio al PRI apelando a la dádiva a los más pobres con credencial de elector. Y así, la elección en el estado de México que logró la unción de Alfredo del Mazo junior fue descaradamente una elección de estado.

La edición de hoy de La Jornada Veracruz abunda sobre el tema en el caso Veracruz. Ofrece luces sobre la misteriosa tolerancia de autoridades federales en favor del ex gobernador Javier Duarte. Esto es, el presidente Enrique Peña Nieto y José Antonio Meade, secretario de Hacienda.

La Unidad de Inteligencia Financiera como principal actor, junto con el Orfis, de la causa que se desarrolla contra el ex mandatario veracruzano, a contrapelo de las más altas autoridades gubernamentales federales y del estado.

El seguimiento del caso veracruzano, las contradicciones de incorporar al actual gobierno estatal a conspicuos personajes de la administración anterior involucrados en los desvíos, la reticencia federal a actuar con decisión contra el ex gobernador, su amable encarcelamiento y la nula actuación para que devuelva realmente las obscenas cantidades de dinero desviadas sugieren la urdimbre de complicidades que explicaría la obsesión de muchos gobernantes, funcionarios y jilgueros con el candidato de Morena y su supremacía.

Faltan cosas por ver una vez que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores apruebe obviar el secreto bancario en esta investigación, que es de Estado. Hoy, el país es regido por una cleptocracia tocada que apenas puede conservar las apariencias. El presidente se duele de las críticas y de quienes todo lo ven mal, y el presidente del PRI balbucea fallidos denuestos misóginos con pretensiones de sarcasmo por las que luego debe pedir perdón.