Política

Malas compañías obligadas

febrero 18, 2018

Terminada la formalidad de la promisión de candidatos sin competidores internos, únicos pues, el PRI revive el boato de otros tiempos para ungir oficialmente como su candidato a José Yunes Zorrilla.

Del poco favorecedor brazo de una imposición de Los Pinos, Enrique Ochoa Reza, el senador Yunes es, ya, candidato del PRI a la gubernatura. Dudosa unción si se considera la miscelánea de información respecto del que hoy es líder nacional del priísmo frente a la más grande y compleja elección en puerta.

La formalidad y parafernalia forzadas en lo que alguna vez fue, efectivamente, un partido corporativo de masas aparecen hoy sin contenidos mínimamente creíbles. Cosa difícilmente aceptable para el candidato de un partido cuestionado hasta la médula y cuyos liderazgos principales, el presidente del país y el presidente del partido, son incapaces de contener o desviar la cascada de cuestionamientos y animadversiones que desde hace tiempo les cae encima.

Ochoa Reza es la respuesta gubernamental priísta a la derrota del PRI en la elección federal intermedia. Correspondiente en peso y calidad al gobierno que indujo su nombramiento.

En la crisis oceánica que vive el PRI, habrá que preguntar quién es Ochoa Reza frente a Carlos Sansores Pérez, Luis Donaldo Colosio, Santiago Oñate.

Ochoa Reza hace sobre bases diarias los oficios de un porro de bajo nivel con aspiraciones superiores a sus capacidades que recurre al golpeo porque es lo único que realmente sabe hacer.

Su némesis es López Obrador y recurre al chabacano López con ánimo de denuesto. Infundado racista, si es que acaso existen racismos fundados, llama "prietitos" a quienes renuncian al PRI para sumarse a Morena.

Ochoa Reza ofende no tanto por ordinario, como por la corrupción que encarna y de la que es apologista. Debe suponerse "puro" en un país fundido en mestizaje donde el tono de piel predominante atraviesa la escala completa del café. La única habilidad realmente mostrada, aparte de la capacidad de auto indemnizarse generoso, es la del denuesto sin gracia. Tosco, burdo.

Mala y obligada compañía, pues, para ungir a un candidato.