Política

Lo imperativo del cambio real

febrero 11, 2018

La miseria veracruzana removida en su hedor por la exhibición de los métodos criminales de las administraciones anteriores, debiera hacer saltar y quebrarse la estructura institucional completa que gobierna por imposición al país. En México, las instituciones nunca han sido reglas del juego consensuadas entre la sociedad, sino la imposición de los intereses y prioridades de las facciones victoriosas de un conflicto nunca resuelto que tiene poco más de dos siglos.

Un problema sustantivo que en el mejor de los casos frena la evolución de la sociedad. La mayor parte del tiempo la cancela. El cuerpo social ni progresa ni evoluciona, lo hacen unos cuantos a costa de los que dejan de hacerlo. Generalmente de forma ilegal.

Un asunto tan extremo que resulta que el candidato del partido en el poder fue nada menos que el secretario de Hacienda responsable de dar las ministraciones federales cuando 12 gobernadores priístas hicieron desfalcos y desviaciones mayúsculos de dinero público para, entre otras cosas, financiar archimillonarias campañas priístas y comprar voluntades.

De muy poco sirven las alternancias en el gobierno cuando los alternantes en el poder pertenecen al pacto de apropiación privada de lo público. El dinero notoriamente, pero también los procesos de toma de decisiones que hacen posible magnificar el saqueo y mantenerlo en oculto al escrutinio público.

Tanto el saqueo sistemático y estructuralizado como el sistema de terror de Estado hacen evidente la completa decadencia de así llamada institucionalidad mexicana.

Cuando algún funcionario se llena la boca diciendo que México es un país de instituciones, conviene exigirle que precise la naturaleza de las instituciones a las que se refiere, porque las únicas instituciones no simuladas o degradadas son las instituciones informales que, además, son las más importantes y operativas del país. La corrupción, el compadrazgo y la impunidad se han convertido en apenas tres décadas no solo en las principales instituciones –informales– del país, sino en las únicas realmente operativas por encima de cualquier institución formal.

Nada de esto cambiará con la formalidad de la alternancia entre socios en el pacto de impunidad.