Política

Perpetuación patriarcal

febrero 08, 2018

Condenada por años a una intensa violencia, la sociedad veracruzana presenta serios síntomas de afectación y enfermedad. Entre ellos un muy claro problema de aversión por las mujeres, incluso odio por ellas. Misoginia.

Hace apenas unos meses, un estudio de la Universidad Veracruzana encontró que en el periodo de enero a agosto del año pasado se había asesinado a 169 mujeres, con total impunidad en mayoría de los casos. No poca cosa si se considera es una cifra superior a la del último año del violento gobierno anterior.

De la promesa de campaña respecto a la violencia ni hablar. Es letra muerta, o incluso peor porque las cifras muestran que el problema no sólo crece, sino que se agrava. Ya desde mediados del año pasado el padre Solalinde había caracterizado al estado como "una máquina para desaparecer personas".

Pero la aberración en el colmo que faltaba fue dada ayer cuando una o varias personas agredieron a una mujer de 74 años conocida por hospitalaria y compasiva.

La ofensiva saña con la que fue agredida no es atribuible únicamente a los perpetradores, sino a la sociedad que se pasma frente a la agresión colectiva a las mujeres y prefiere esconder la testuz en el primer agujero que encuentra a la mano.

Hace tiempo ya que las autoridades debieran haber respondido. Si no a las promesas, sí a la explicación de por qué fallan consistentemente a cumplir cabalmente con lo que prometieron.

Un mínimo de sinceridad colectiva debe conducirnos a aceptar que vivimos en un orden social de poder genérico basado en la discriminación y cuyo paradigma es el hombre. El patriarcado es una estructura violenta que utiliza y justifica la violencia contra las mujeres como forma de mantener las cosas como están.