Política

Veracruz y Guerrero, historias paralelas

febrero 04, 2018

a historia del estado de Guerrero, plena de pobreza, asesinatos masivos, violencia incontenible, con gobiernos estatal y federal notablemente incapaces de contener la acción desmedida de la delincuencia organizada debe ser para la administración pública de Veracruz valiosa experiencia en la que detenerse a reflexionar y planear estratégicamente el quehacer en dichos temas.

Fueron Michoacán, Nuevo León y Tamaulipas antecedentes que por sus características pudieran suponerse como muestra de hasta dónde puede llegar la descomposición institucional, sobre todo en términos de configurar una ausencia de estado o de gobernabilidad y sus consecuencias negativas para la población, pues mientras las autoridades se entretuvieron en administrar políticamente la inseguridad como un tema de percepción y diagnosticar que no hay remedio posible porque se trata de un asunto estructural, la delincuencia tejía redes cada vez más poderosas y difíciles de desmantelar.

En el caso de Veracruz sucedió algo parecido en el gobierno de Javier Duarte, cuando grupos delincuenciales se repartieron geográficamente las "plazas" y actuaron con absoluta impunidad sentando las bases para las actuales condiciones tanto de acción de la delincuencia como de inestabilidad y desconfianza ciudadana hacia los cuerpos de seguridad.

Sin embargo, por sus condiciones sociales y demográficas basadas en los índices de bienestar social y composición institucional, el estado está perfilándose hacia una circunstancia similar a la entidad sureña con todas sus nefastas consecuencias en materia de inseguridad y sobre todo precariedad de la población, pues el actual gobierno panista-perredista está más ocupado en tutelar la pobreza con fines electorales que desmantelar el corporativismo institucional.

El reciente asesinato por cuenta de sicarios pertenecientes a una banda plenamente identificada y ubicada por las autoridades guerrerenses, de cinco campesinos veracruzanos que viajaron a dicha entidad a vender su mercancía y el atentado con saldo de dos muertos y cuatro heridos contra militantes del PRD en el municipio de Atlixtac cuando se dirigían a un evento político, obligan a reflexionar sobre el cómo se están haciendo las cosas en Veracruz y su inocultable similitud.

Como en aquellos lugares, en Veracruz la respuesta del gobierno estatal es la de pedir la presencia del Ejército y la Marina así como incrementar los rondines de elementos policiales y la instalación de retenes, cuya función resulta más estética y decorativa que efectiva para contener la actividad de grupos delincuenciales, que con todo y esos despliegues diseñados para indicarle a la ciudadanía que se "están tomando medidas", siguen actuando en la más absoluta impunidad, cometiendo delitos de toda índole de alto impacto social contra la población, principalmente, secuestros y extorsiones como lo acaba de denunciar el sindicato magisterial con mayor cantidad de integrantes.

No resulta alentador que una vez cometidos los delitos las autoridades salgan a explicarle minuciosamente a la ciudadanía el cómo y dónde se dieron los hechos e inclusive ofrezcan recompensas por información que lleve a la captura de los delincuentes. Ésa no es la función del gobierno. Su responsabilidad es la prevenir y actuar antes de la comisión de los hechos.

Por lo pronto, Guerrero sigue siendo ejemplo para Veracruz. Se deben atacar de frente los problemas estructurales, pues el gobierno cuenta con los instrumentos legales y económicos para ello, a menos que lo que se persiga es mantener el estado de las cosas con fines político-electorales en la lógica del río revuelto ganancia de pescadores.