Política

Sic transit gloria mundi…(Anti) momento mexicano

enero 12, 2018

El 8 de enero se inauguraron las sesiones públicas de la XXIX Reunión de Embajadores y Cónsules de México en la Secretaría de Relaciones de Exteriores. El objetivo de estos encuentros, realizados anualmente desde 1990, es que los representantes diplomáticos y consulares desplegados en el exterior dialoguen y se actualicen sobre las perspectivas políticas, económicas y sociales de México. Durante su discurso inaugural, el canciller Luis Videgaray dijo que "indudablemente, en 2018 se va a hablar mucho de México". Razón no le falta. En efecto, el país será uno de los principales temas de discusión en los asuntos internacionales durante el último año de gobierno del presidente Peña; quizás con la misma intensidad con que lo fue en 2012, su primer año, pero definitivamente con un tono diametralmente opuesto.

A días de la toma de protesta, en noviembre de 2012, el semanario británico The Economist acuñó la expresión que marcaría el ímpetu de los primeros meses del gobierno de Peña Nieto: el momento mexicano (Mexican moment). Después del sexenio de Felipe Calderón, marcado por la llamada guerra contra el narcotráfico, el cambio en el partido en el gobierno y la narrativa del ‘Estado eficaz’ enarbolada por el equipo del nuevo presidente motivaron a los medios e inversionistas internacionales sobre el futuro inmediato del país. La suscripción del Pacto por México con las dos principales fuerzas de oposición, y la capacidad de lograr la aprobación legislativa de una amplia agenda de reformas estructurales – notoriamente la educativa y la energética – parecían confirmar las expectativas de The Economist.

Luego vinieron los sucesivos escándalos de corrupción en el círculo inmediato del presidente. Y la incapacidad de su gobierno por investigar de manera convincente la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa… Y la misma revista británica acuñaría otra frase, que sustituiría la del "momento mexicano" para describir el resto de la gestión del presidente Peña: "no entienden que no entienden". A ello se agregaron las crecientes dificultades en la relación entre México y Estados Unidos a partir de que nuestro país se convirtió en un tema central de la sucesión presidencial estadounidense de 2016, y un franco deterioro de los vínculos después del triunfo y toma de posesión de Donald Trump.

En 2018 entonces, como dijo el canciller, se volverá a hablar mucho de México. Sin embargo, a diferencia de hace cinco o seis años, cuando las menciones del país en los círculos internacionales eran abrumadoramente positivas, hoy el tono es de incertidumbre. La consultora de riesgo político Eurasia Group, por ejemplo, colocó a México como el cuarto mayor riesgo geopolítico para 2018, tan sólo después del empoderamiento sin contrapesos de China en el escenario internacional, la posibilidad de un accidente que escale las tensiones en la Península Coreana hacia una guerra, y la rivalidad tecnológica entre las grandes potencias (https://goo.gl/AawtZC). Las razones: el impredecible futuro de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y las elecciones presidenciales del próximo 1° de julio.

Así como voces autorizadas anticiparon un momento mexicano 2012, hoy voces similares temen lo opuesto para 2018: un (anti)momento mexicano. Y aunque podría caber alguna esperanza en que, así como la optimista perspectiva del momento mexicano se desvaneció en el aire, las alertas de hoy se revelen como sustos infundados en el futuro inmediato, lo cierto es que esto no sólo depende de México. Más preciso, casi no depende de México. José López Portillo fue más elocuente al describir esta situación en su último informe de gobierno cuando se dijo "responsable del timón pero no de la tormenta". ¿Cómo maniobrar hoy el timón ante el pronóstico de la tormenta que viene?

Twitter: @jesevillam

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