Política

ECP*

enero 10, 2018

◗ Rebatinga, desconcierto y soldados

La controversial ley de seguridad aprobada a fines del año pasado, desaconsejada por organismos multilaterales, organizaciones no gubernamentales internacionales y ampliamente rechazada por diversas voces de la sociedad mexicana, será impugnada con una acción de inconstitucionalidad interpuesta por la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Así lo dio a conocer ayer el organismo por medio de su cuenta de Twitter.

El tema es sustantivo porque el gobierno parece no sólo insistir en mantener el modelo de combate a las empresas criminales que es un completo fracaso, sino que formaliza el uso del Ejército nacional en tareas policiacas. Se dará al traste con la posibilidad de que la seguridad pública sea responsabilidad de autoridades civiles. Por lo menos durante el siguiente año.

Las críticas al presidente son severas. Ha perdido completamente la credibilidad frente a los ciudadanos, la prensa internacional y un amplio abanico de actores de todo tipo.

A la ley de seguridad se suma ahora la adquisición absurda de armamento por casi 100 millones de dólares para adquirir varios tipos de misiles, algunos anti-buque RHM-84L Harpoon, y otros superficie-aire como el RIM-116 RAM que suele ser usado como defensa de misiles anti-buque, además de la adquisición de torpedos ligeros MK 54 Mod 0. Seis unidades de cada uno.

¿Para qué coños puede querer México armamento de este tipo? Suponiendo que, como es lo más probable, sean destinados a combatir el trasiego de drogas por mar hacia Estados Unidos, el gobierno mexicano caería en el absurdo de pagar por las armas para hacer la guerra de aquel país contra las drogas. Negocio redondo y limpio. Estados Unidos declara una guerra contra las drogas que se combate en territorio ajeno, los muertos los ponen todos excepto ellos y las armas para hacer la guerra las venden formalmente a los gobiernos e informalmente a las empresas criminales.

Pero la compra de armamento precedida por la ley de seguridad interior se da en un muy preocupante contexto de descomposición y enrarecimiento del ambiente político.

Por un lado, el peso del escándalo Odebrecht que, contenido y todo como hasta ahora han logrado, es una seria amenaza en la medida que en Brasil siguen vinculando a funcionarios mexicanos en sobornos que podrían haber sido utilizados en la campaña de Peña Nieto. Por otro, el destape de un no militante priísta como candidato de ese partido a la presidencia que ha hecho evidente el descontento y la resistencia a aceptar los hechos consumados por parte del secretario de gobernación Osorio Chong.

Más el escándalo de desvío de fondos públicos de varios gobiernos estatales al PRI para financiar campañas que tiene al operador estrella, Alejandro Gutiérrez, en la cárcel y a Manlio Fabio Beltrones en la picota.

El dedazo sobre Meade provocó una inmensa grieta a un PRI ya fracturado por donde previsiblemente habrán de filtrarse informaciones y datos por parte de los descontentos.

Después del calamitoso sexenio de Peña Nieto por los muchos escándalos de corrupción, la unción de un tecnócrata no priísta como candidato abona con mucho a la resistencia y las filtraciones. Haber sacado a Elba Esther Gordillo de la cárcel no necesariamente asegura que la maestra y su estructura sindical operen completamente en favor del PRI. Lo mismo sucede con la jerarquía política que no es egresada del ITAM.

En este sexenio, el PRI perdió las gubernaturas de Veracruz, Chihuahua Tamaulipas, Durango y Quintana Roo. Lo que sugiere que el descontento hacia el PRI que hizo posible el sexenio de Peña Nieto es mucho mayor de lo que están dispuestos a reconocer.

En el PAN, la conspiración calderonista para impulsar a Margarita Zavala y minar a Ricardo Anaya es cada día más evidente.

Todo hace que el prianismo, sumergido en un complicado procesamiento de sus diferencias tenga serias dificultades para conciliar una estrategia común para atajar la amenaza contra el sistema de complicidades y corrupción que sustituyó al sistema político. Un priísmo contrariado e insatisfecho junto a un panismo seriamente dividido ofrece pocas y débiles garantías.

Por todo ello, el reforzamiento del ingrediente militarista es realmente preocupante.

Faltan cosas por ver.

*Es Cosa Pública

leopoldogavitonanson@gmail.com