Política

El sistema adverso, taimado contra las mujeres

enero 04, 2018

En México la violencia contra las mujeres es sistémica y arraigada. Es una constante que se intensifica. De los feminicidios de Ciudad Juárez en los 90 se han extendido con la misma impunidad al Estado de México, Morelos, Quintana Roo y, desde luego, Veracruz.

Esta ampliación de territorios nacionales de patología misógina sugiere a todas luces que se han trascendido los límites de las patologías familiares en donde las mujeres y las niñas son sometidas por los hombres del entorno.

Ya son varios territorios del país en donde la misoginia subyacente en los reflejos profundos de la formación educativa cultural mexicana. Desde el "yo no soy la señora de la casa", que diera como respuesta Peña Nieto cuando en 2011 le preguntaran cuál era el precio de la tortilla; hasta la respuesta del obispo Sandoval Iñiguez de Guadalajara, quien dijera que por su forma de vestir las mujeres provocan ser violadas y por subirse con cualquiera a un coche.

La misoginia ha calado hondo en la sociedad mexicana. En buena medida de la mano de confesiones religiosas. La opción preferencial por la violencia de gobierno mexicano para lidiar con problemas de tráfico de drogas ha exacerbado la violencia contra las mujeres y la impunidad de esa violencia.

En Veracruz parecen estar bien asentados el pensamiento y los actos de aversión y desprecio contra las mujeres desde una formación cultural temprana. Pero esa base explicativa no es suficiente para entender el pasmo institucional que hace improbable la justicia.

Es verdad que el fenómeno no es nuevo y que las instancias gubernamentales y judiciales de impartición de justicia han sido profundamente afectadas por la corrupción que en administraciones pasadas han desmantelado las capacidades gubernamentales para corregir el problema. Una metástasis preocupante donde se difuminan los límites entre autoridades en funciones y crimen.