Política

Gordillo, hacedora de presidentes, ¡por fin en su casa!

diciembre 18, 2017

La otrora poderosa líder de más de un millón de trabajadores al servicio de este "estado de derecho y democrático mexicano", Elba Esther Gordillo, está devuelta –más que nada, devolvida– a sus aposentos ubicados en la colonia Polanco de la Ciudad de México, para que continúe en su casa con el proceso que se le sigue por delincuencia organizada y demás travesuras inferidas a los maestros a su servicio y haber contribuido, en su momento, con el ascenso al gobierno de la República de dos ínclitos mexicanos: Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto.

Aún resuenan en los oídos de los mexicanos aquellas llamadas telefónicas que la lideresa hiciera a varios gobernadores príistas y panistas para que aceleraran la votación a favor de Calderón y, apoyada en las mañas que le enseñó el presidente en turno, Vicente Fox, se hiciera todo el esfuerzo necesario para retirar de las preferencias electorales a Andrés Manuel López Obrador en las histórica elección del 0.52 por ciento, para que iniciara México la guerra contra el narcotráfico a partir del primer día del 2006, y convertirse, apoyado en el Ejército, en el cementerio nacional que hoy presumimos y que las comisiones de derechos humanos de la ONU y la OEA han condenado de manera reiterada, ello, para justificar que con las bayonetas se puede hacer todo, claro, menos sentarse en ellas y que los ciudadanos vivan en el temor que genera la amenaza y el terror del poder presidencial.

El Ejército, que ni siquiera en la época del usurpador Huerta que asesinó al presidente Madero y vicepresidente Pino Suárez, se habían cometido tantos crímenes, pues se registra que en el periodo de la presidencia de Calderón –puede hacer lo mismo su esposa Margarita, si votamos por ella el 2018–, se han registrado cerca de 120 mil compatriotas que nunca sabremos si eran criminales o bien tan inocente como aquel mexicano que aparece en la película Presunto culpable, o bien en los crímenes de Rosendo Radilla que llevó la Corte Interamericana de Derechos Humanos a condenar a México para que se cambiaran leyes mexicanas que fueron proclives, como a modificar el furo militar para que, cuando aparezca un civil que se involucre el Ejército, sea la autoridad jurisdiccional civil la que dicte la resolución y condena respectiva.

La profesora Gordillo hará historia cuando libere las denuncias que se presentaron en su contra, pues ella no fue más que lo que el Estado mexicano quiso, pues en su momento la cooptó para mancillar sus maestros, pero cuando se observó un espulgo de dignidad, se instrumentó su detención y el cautiverio que aún vive, algo similar al histórico fraude electoral del 1988, en que Carlos Salinas de Gortari ordenó, precisamente al Ejército, la detención, en un 10 de enero al inicio de su gobierno, de todos los líderes de las secciones petroleras encabezadas, entre otros, por Joaquín Hernández Galicia y desarticular al movimiento que encabezaba en la defensa del petróleo, prolegómenos de lo que hoy vivimos con las reformas estructurales contra la nación, como es la privación del petróleo, la industria eléctrica y lo que se pueda consumar, pues tan es así que, sin resistencia alguna, el líder de los petroleros Romero Deschamps despacha en la abundancia de su riqueza mal habida, pues de otra suerte estaría viviendo el mismo viacrucis. Pero ahora, el patrimonio nacional está en el despeñadero.

Sin embargo, se dice que mal paga el diablo a quien bien le sirve, pues la hoy lideresa en desgracia, ante la negativa de López Obrador de arroparla a su causa, emprendió la embestida en su contra y se alió a quien hoy es presidente de la República, Peña Nieto, haciendo que, con apoyo de sus cuadros, orientara el triunfo a su favor lo que se logró, solo que el cobro por el servicio, sin duda, no hubo arreglo similar al que alcanzó con Calderón, de ahí su rompimiento y sus consecuencias y la reforma educativa en la incertidumbre.

limacobos@hotmail.com / Twitter:@limacobos1