Política

Parasitarios

diciembre 05, 2017

En este espacio se ha afirmado repetidas veces que el sistema político mexicano ha dejado de ser tal para degradarse a un sistema de complicidades. La partidocracia que aprobó el Pacto por México al inicio del sexenio es una de tantas pruebas palmarias.

Así, salvo excepciones notorias y harto conocidas, la llamada clase política mexicana y la alta burocracia especializada ha encontrado en la representación política y en el servicio público un modo bastante cómodo y poco riesgoso para medrar ilegítimamente a costa del resto de los mexicanos, con o sin empleo, ricos o pobres. La clase política mexicana ha encontrado la fórmula para una vida de lujos sin que les cueste un centavo. Otra faceta de la corrupción sistémica que paraliza y empobrece al país.

De los países de la OCDE, México tiene el sistema de representación política más oneroso. Tanto por su costo en términos de dietas y prestaciones propiamente dicho, como por el costo de elegirlo. El INE es una de las burocracias más caras del mundo y cumple poco y mal con el objetivo único de dar certidumbre a los procesos electorales. Desde 2006, el INE ha sido severamente señalado y criticado por sus inconsistencias, tibiezas y sospechosas permisividades tanto por académicos como por actores políticos.

Los diputados federales, por ejemplo, trabajan menos de 700 horas en los 195 días que hacen su jornada anual ordinaria. Lo que los hace los diputados menos productivos de la OCDE. Perciben, sin embargo, los sueldos más elevados de la organización. Por el contrario, los ciudadanos mexicanos son los que más horas a la semana trabajan de los países de la organización, además de que los ingresos familiares también son los más bajos. Los tomadores de decisiones, gobiernos y congresos, han mantenido deprimidos los salarios desde hace 40 años con el pretexto de hacer atractivo al país a las inversiones productivas. Cosa que vale de poco precisamente porque los salarios son precarios y los capitales prefieren la especulación monetaria y de valores que las inversiones productivas. Pero los congresistas mexicanos de la pasada y de la actual Legislatura son responsables de una reforma laboral que ha deteriorado el empleo formal permanente; de una reforma energética que comprometió un bien estratégico, indispensable incluso para el gasto público, a cambio de su desmantelamiento en la economía nacional; una reforma fiscal invasiva que se ceba sobre el contribuyente cautivo y viola el principio de proporcionalidad de las contribuciones.

El congreso veracruzano ha sido incapaz de mantener su decisión en cosas tan simples como las peleas de gallos que habían prohibido. Lo mismo pasa con la imprescindible ley que reconozca el pleno derecho de las mujeres sobre la reproducción elegida, que despenalice de una vez por todas y sin ambigüedades la interrupción de la gestación hasta la duodécima semana.

La llamada productividad de los diputados veracruzanos la presumen por la suma de leyes y dictámenes aprobados, sin vincularla a sus contenidos, cosa que de entrada mueve a suspicacia. Impidió, eso sí, la basificación masiva de trabajadores que había endilgado el gobierno anterior.

Hace unos meses, al iniciar el año, los congresistas veracruzanos hablaban de modificar la percepción que los ciudadanos tienen de ellos. Antes que la "percepción", debieran estar las certezas de su trabajo y comportamientos. Pero no.

A las ofensivas dietas que los diputados se conceden a sí mismos y a las que se suman los bonos y prestaciones, los flamantes diputados veracruzanos se han concedido a sí mismos, a costa desde luego del dinero público de los veracruzanos, un servicio de preparación de alimentos que costará un millón de pesos. Además de otras "prestaciones" que se listan en la nota de interiores en esta edición.

Decisiones como éstas refuerzan el imperativo de que la sociedad cambie de élites políticas, toda vez que ha sido sobradamente probado que consistentemente se decide en contra del interés de los ciudadanos.