Política

De la degradación del entendimiento

noviembre 29, 2017

El lunes en Minatitlán, un indigente fue quemado vivo por el solo hecho de ser indigente y en completo estado de indefensión. Murió ayer por la mañana con quemaduras de tercer grado en la mitad del cuerpo. Un hombre lo empapó de gasolina y le prendió fuego. No es el acto de un loco, sino el de una persona de profundas y muy severas patologías sociales. La crueldad evidente es el resultado de una completa falta de empatía, de esa que tenían los verdugos nazis o las guardias del Khmer Rojo a la hora de torturar hasta la muerte a sus víctimas. Monstruosidades producto de la violencia sistémica, el dolor y la frustración sin horizonte de mejoría.

Una guerra interna de casi 12 años, generosa en escenas macabras, en terror y duelo impotente da ya sus frutos aleatorios más allá de los ritos iniciáticos de las células y grupos criminales. Psicópatas que sin más apelan a la crueldad de sus frustraciones para incendiar a un indefenso y darle una mala muerte.

No es gratuito y tampoco es responsabilidad exclusiva del redrojo incendiario. Lo mismo que los multihomicidas estadunidenses, comparten la responsabilidad de sus horrores con el sistema y los tomadores de decisiones que hacen de la realidad caldo de cultivo para las patologías y las deformaciones sociales y personales.

El incendiario de Minatitlán nos lo dieron los tomadores de decisiones que han tenido y tienen sumido al estado en eso, en el horror.

Entre la intolerancia de un alguien que no tolera un indigente que le mella el paisaje y la intolerancia de a quien no le van bien los disensos, la diferencia es mucha, pero la distancia es corta. En consecuencia el peligro es grande.

Ayer, varios ediles y alcaldes electos de Morena se excusaron de asistir al Grupo de Coordinación Veracruz. El gobernador les describió como conflictivos y les llamó títeres que se dedican a la ruptura y al conflicto.

Equivoca el gobernador la reacción, no hay justificación para el denuesto. Especialmente si nos atenemos al principio constitucional de municipio libre, que es la base misma de la división territorial y de la organización política del Estado. Los presidentes municipales no están obligados a participar de la agenda de actos del gobierno estatal. Independientemente de los motivos, razonables o no, que esgrimieran para ello. Pero, sobre todo, el gobernador equivoca al denostarlos, independientemente de que nos atengamos o no al principio constitucional de municipio libre. No hay ningún nivel de gobierno más cerca de la soberanía del pueblo que el del municipio. Denostar a un alcalde por diferir de él es casi denostar a la ciudadanía que lo eligió. Eso, en el mejor de los casos, es incorrecto.

En 12 años de escenas macabras y muerte nos hemos convertido en una sociedad que extravía la empatía y la tolerancia. Eso es equivocado y peligroso. Se precisa de madurez, capacidad de condescendencia, respeto y comprensión para dar rumbo a una sociedad diversa y de poderes soberanos.