Política

Ópticas

noviembre 14, 2017

La circunstancia de la seguridad pública al sur del estado es muy seria. Se han hecho diversos despliegues operativos policiacos en varios meses sin que se acuse cambio. Casi podría decirse que dado el deterioro sistémico acusado por el estado en esta materia, es casi natural que las cosas no cambien. Antes habría que preguntarse si las iniciativas gubernamentales al respecto están sustentadas en una correcta definición del problema. Porque la inseguridad y la violencia no son el problema, son las consecuencias no deseadas de una combinación de variables de origen y naturaleza distintas que son las que configuran y definen la inseguridad y la violencia como manifestaciones de un conflicto.

Los problemas públicos muy raramente son cuestiones aisladas de otros fenómenos de la vida social. Son parte de un sistema y nunca son mono causales. Cualquier política para hacerles frente requiere de una adecuada definición de las variables que los configuran. A casi un año de gobierno, y dadas las situaciones que aún se viven en el estado, cabe preguntarse si el gobierno ha definido y medido correctamente las variables que hacen crisis en la seguridad pública.

Esto importa porque ayer se pidió a la prensa no magnificar los hechos de violencia. En realidad lo que hay que hacer es no minimizarlos ni normalizarlos.

La tensión entre quienes informan y quienes gobiernan siempre ha existido. No porque los puntos de vista sean necesariamente excluyentes, sino porque el interés de quienes están en posición de autoridad no siempre coincide con el interés público y el periodístico.

En tiempos recientes se ha agudizado –en varios países y notoriamente en Estados Unidos– el uso que los gobiernos dan a internet y las redes sociales, ligándolas con sus aparatos de comunicación e inteligencia para instrumentar campañas de desprestigio de la prensa independiente o incómoda y para polarizar al público con información distorsionada e interesada. Además de monitorear –espiar es más preciso– a personas desafectas e invadir su privacidad, como lo ha evidenciado el reciente escándalo por el programa espía Pegasus. Son gobiernos también afectos a la censura de aquellos que denuncian o se mofan de los desaciertos gubernamentales.

Muchos han tenido la capacidad para apabullar o inhibir a los medios con bombardeo de propaganda, amenazas de procedimientos legales, ruedas de prensa, o denuestos.

De ahí la importancia sustantiva de ofrecer información que ayude a la ciudadanía a discernir entre realidad y la ficción oficialista. El desafío de la prensa hoy es la asunción de su responsabilidad como informadores comprometidos con el respeto a todas las libertades humanas y las responsabilidades sobre las que descansa la vida en democracia.