Política

Prevé la OCDE vejez económicamente precaria para las nuevas generaciones

noviembre 10, 2017

Orizaba, Ver.- La desigualdad económica y la disminución de las pensiones en las economías emergentes, castigará a las nuevas generaciones de empleados, trabajadores y profesionistas, incluso se prevé que deberán sortear nuevos y mayores riesgos en su vejez, "sobre todo por la disminución de sus ingresos económicos".

La más reciente publicación de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) alerta de un futuro nada prometedor para las jóvenes generaciones las que, según el documento, "enfrentarán mayores riesgos de desigualdad en la vejez que los jubilados actuales y su experiencia en la tercera edad para las generaciones nacidas en la década de 1960 cambiará drásticamente".

El análisis además precisa que al reducirse el número de miembros de la familia, al aumentar la desigualdad durante la vida productiva y al instaurarse reformas que han disminuido los ingresos por concepto de pensiones, algunos grupos tendrán un mayor riesgo de pobreza.

En el estudio Preventing Ageing Unequally (Prevenir el Envejecimiento de manera desigual) se afirma que en 1980, en la OCDE había una media de sólo 20 personas de 65 años o más por cada 100 personas en edad productiva, "pero para 2015 esta cifra había aumentado a 28 y para 2050 se proyecta que casi se duplique hasta alcanzar 53. Muchas economías de la OCDE y emergentes envejecen con mucha más rapidez. A la vez, la desigualdad ha ido en aumento de generación en generación. Entre quienes empiezan su vida productiva ahora es mucho mayor que entre los ancianos de hoy", según se da a conocer.

Los futuros ancianos se encontrarán en situaciones más diversas: las personas vivirán más, pero más habrán estado desempleadas en algún punto de su vida productiva y habrán recibido sueldos menores, en tanto que otras habrán disfrutado trayectorias con ingresos estables", se advierte.

De acuerdo con el informe, la desigualdad en la educación, la salud, el empleo y los ingresos, "comienza a acumularse desde una edad temprana. De media en todos los países, un hombre de 25 años de edad con educación universitaria puede esperar vivir casi ocho años más que un colega con un nivel educativo más bajo; en el caso de la mujer, la diferencia es de 4.6 años. En todos los grupos de edad, las personas con mala salud trabajan y ganan menos. En el transcurso de una carrera, la mala salud reduce 33% los ingresos a lo largo de la vida laboral de los hombres con un nivel educativo bajo, en tanto que para los de mayor nivel educativo la reducción es de sólo 17%".

En el caso de las personas de bajos ingresos, dice el análisis, "tienden a tener una esperanza de vida menor que las de altos ingresos, lo cual reduce aún más el total de su pensión. Al aumentar la edad de jubilación tiende a ampliarse la desigualdad en las pensiones totales entre quienes reciben ingresos bajos y altos, pero el impacto es pequeño. Sin embargo, la desigualdad de género en la vejez probablemente se mantendrá en un nivel considerable: de media, los pagos anuales de pensiones para las personas mayores de 65 años son hoy cerca de 27% más bajos para las mujeres y la pobreza en la vejez es mucho más alta entre ellas que entre los hombres".

Para atender estos problemas, la OCDE recomienda que los países adopten un enfoque vitalicio centrado en las tres áreas siguientes: prevenir la desigualdad antes de que se acumule con el tiempo. Las medidas incluirían proporcionar atención infantil y educación temprana de buena calidad, ayudar a los jóvenes desfavorecidos a incorporarse a la vida laboral y aumentar el gasto en salud para focalizarlo en grupos bajo riesgo.

Mitigar la desigualdad arraigada. Los servicios de salud tendrían que cambiar a un enfoque más centrado en el paciente y los servicios de empleo podrían impulsar iniciativas para ayudar a los desempleados a regresar al trabajo, así como eliminar barreras para retener y contratar trabajadores de la tercera edad.

Hacer frente a la desigualdad en la vejez. Reformar los sistemas de ingresos por pensión no puede eliminar la desigualdad entre los ancianos, pero sí moderarla. Las pensiones de primer tramo bien diseñadas pueden limitar el efecto de las diferencias socioeconómicas en la esperanza de vida sobre los beneficios de pensión. Algunos países tienen riesgos de suficiencia de las pensiones, en especial en el caso de las mujeres. Aumentar la asequibilidad de la atención domiciliaria y ofrecer mejor apoyo a las carreras informales también ayudaría a reducir la desigualdad en la atención de largo plazo, concluye el estudio.