Política

Alevosía, engaño, infamia: traición

noviembre 08, 2017

Hace poco más de un año, la Comisión Reguladora de Energía, órgano perteneciente al gobierno mexicano, afirmaba que el ducto submarino que construían las empresas IEnova y Transcanada en el Golfo de México para llevar gas natural a la CFE era una de las opciones más caras para mover el combustible. Pemex, a petición de la Secretaría de Energía, había licitado el ducto terrestre Cempoala-Ramones, mucho más eficiente y barato, pero la Sener se retractó al poco tiempo.

En ninguno de los escenarios que analizó la CRE se consideraba que la CFE podría revender a terceros, pero sí esperaba la puesta en marcha de un ducto privado de la empresa Howard Energy Partners que importa el gas desde Estados Unidos hasta Escobedo, Nuevo León.

El ex presidente Obama frenó en seco el proyecto de TransCanada Texas-Tuxpan, por sucio, la empresa canadiense impugnó y la Comisión Federal de Electricidad le otorgó en julio del año pasado un nuevo contrato por 2 mil 727 millones de dólares. En diciembre, Ochoa Reza renunció a la CFE y se otorgó a sí mismo una compensación por 1.2 millones de pesos para ir a dirigir el PRI.

TransCanada es una empresa que ha sido fuertemente criticada y rechazada por la sociedad civil afectada tanto en Canadá como en Estados unidos.

La historia de rechazos civiles a TransCanada es larga. En 2013 varios ciudadanos ocupados del bienestar público se reunieron frente a la Casa Blanca para realizar un acto de desobediencia civil en protesta por el proyecto denominado Keystone XL, un oleoducto de la empresa TransCanada que iría desde la provincia canadiense de Alberta hasta la costa estadounidense en el Golfo de México, transportando un millón de barriles diarios de petróleo. Académicos y científicos alertaron que el proyecto contribuirá en gran medida al cambio climático. Entre los manifestantes se encontraban el científico climático James Hansen, el poeta Bob Haas y el abogado Robert F. Kennedy, hijo.

Pero mientras que en Estados Unidos y en Canadá los gobiernos hacían caso de la voz de rechazo de los gobernados, los gobernantes mexicanos se allanan oferentes a las peticiones de su dominador. En julio de año pasado, la CFE a cargo de Ochoa Reza otorgó el gasoducto marino Texas-Tuxpan a Infraestructura Energética Nova (IEnova), en asociación con TransCanada Corporation.

Tal es la calidad y naturaleza de los gobiernos mexicanos. Especialmente el actual. Cada decisión tomada, una tras otra sin interrupciones, traiciona los intereses de los mexicanos. Desde los económicos, hasta los de salud pública. No es, desde luego, un gobierno al servicio del pueblo sino al de empresas corporativas internacionales. Ha quedado más que probado a lo largo de esta infausta administración nacional. Profundamente corrupta y decididamente traidora al interés público. Lo que la sociedad y los gobiernos les prohíben hacer en Canadá y Estados Unidos, lo hacen en México con el repudio de la sociedad pero, eso sí, con la decidida complicidad interesada de los funcionarios y gobernantes mexicanos.

Esto, en buena castilla, es traición descarada y altanera. No son tiempos para la indiferencia. No es posible que la sociedad mexicana acepte sin resistir la traición sistemática de quienes detentan el poder.