Política

Esencias

noviembre 06, 2017

El estado autoritario sólo tiene sentido en un régimen en el cual las relaciones entre los integrantes están marcadas por la obligatoriedad. El autoritarismo niega por fuerza la libertad en una negación no del todo consistente porque niega todas las libertades excepto la propia. En el discurso, los políticos autoritarios proclaman ser poseedores de la verdad única, ajustan su percepción de la realidad a sus deseos y objetivos, y mientras hablan de consensuar imponen, manipulan y descalifican. Su límite, relativo, es la resistencia de a quienes se les quiere imponer.

Someter y avasallar, independientemente del método que se escoja para ello.

Una característica compartida en todos los gobiernos de corte autocrático es su limitada capacidad para procesar las incertidumbres; esto, porque todos los medios y recursos están dirigidos a cumplimentar el propósito del autócrata antes que los del interés público.

Desde luego tienen una idea autoritaria de lo que significa la autoridad, palabra derivada de autor. La autoridad no puede escindirse de la conducta no importa la investidura ni la profesión de quien la ejerza, por eso la tensión entre el autoritario y el resto de los mortales siempre es mucha. En última instancia, "autoritarismo" sirve para definir el uso de la fuerza de carácter ofensivo y quien recurre al empleo de esta fuerza ofensiva es porque carece, precisamente, de autoridad.

Esta dificultad para procesar la incertidumbre y la pluralidad fue exhibida recientemente en el estado con la manipulación política del gobierno y partido en el poder para quedarse con el control de la mesa directiva de la Cámara de Diputados del estado. Asunto que evidentemente ha causado tensión, disfunciones y que habrá de trasladar sus costos a la legitimidad de las tomas de decisiones.

Señala un diputado priísta de extracción campesina que para el ciudadano es irrelevante que la autoridad busque culpables del pasado si eso no va acompañado de acciones concretas como las listadas en campaña.

Pero más allá de las cámaras de vigilancia y los drones, lo realmente sustantivo es la definición clara de las políticas públicas dirigidas a resarcir la seguridad pública y con ello la tranquilidad y confianza ciudadanas.

El estado arrastra un sinnúmero de rezagos y problemas estructurales, muchos de ellos desde hace décadas, otros muchos derivados de la secuela reciente de malos gobiernos.

El desempeño del sistema y sus hombres dan pruebas muy claras sobre su agotamiento e incapacidades para resolver los problemas públicos, en principio porque todos priorizan su progreso personal antes que el servicio a la ciudadanía, que es la que paga los costos. Siempre.

Hoy, el principal problema que paraliza al estado y se ceba en el ciudadano es la seguridad pública y hasta la fecha no parece existir una política de aproximación clara, verificable y evaluable. Prueba de ello es la exacerbación de la violencia por todo el territorio, especialmente al sur.

Mientras la autoridad descalifique a priori a quienes señalan los rezagos y los problemas, éstos persistirán. Es tiempo de revisar puntualmente cómo es que el gobierno entiende el problema y las decisiones que toma para enfrentarlo. Más allá de la rutina diaria, cuáles son las políticas y su sustento para estabilizar la seguridad pública en el estado.