Política

Por una visión constructiva

octubre 31, 2017

Con saludos a Manqué Luna Parra

Hay que estar atentos a lo que sucede en el país. Incidentes sencillos se sobrevalúan mientras se desatienden problemas fundamentales. Los políticos tienen su propia agenda. Pero los problemas sobreviven. El costo para la nación es alto. Se pierde tiempo en escaramuzas inventadas o en comisiones legislativas que no sesionan.

En los cambiantes escenarios internacionales de hoy México tiene que agilizar su paso. La competencia es intensa. Sobran ejemplos de países que nos aventajan en aspectos tan vitales como una sana judicatura, educación, desarrollo económico, conciencia ciudadana y control de corrupción. Queremos sentirnos emparejados con otros países en el gran juego internacional pero nos faltan fichas y certificados de buena conducta. Aún no superamos nuestras carencias.

El tono de tal realismo es constructivo. El futuro de México no está en insistir en que las cosas se arreglan por sí solas. Décadas de experiencia nos han enseñado que así no se mejora ni la calidad ni el nivel de vida. El poder adquisitivo del ingreso promedio ciudadano ha venido en dolorosa disminución en los últimos años. Por más que maquilen las cifras, nunca hemos creado los empleos formales al necesario ritmo de un millón cada año. Contagiados de un capitalismo deshumanizado la brecha entre ricos y pobres se ensancha cada día mientras se sigue otorgando primacía a la visión financiera de la economía sin considerar injusticias que presionan.

Tampoco se trata de regresar el reloj para repetir los logros del pasado cuando gracias al "desarrollo estabilizador" alcanzamos en ciertos momentos crecimientos de 7 por ciento anual con ligeros aumentos en el salario real. Ello fue posible con una población que era el 20 por ciento de la actual, el financiamiento y activa protección arancelaria a actividades privilegiadas que se complementaban con normatividades sobre salarios y comercio exterior.

La estructura que tan buenos resultados dio entonces no podrá replicarse con una población mayor que la de Japón y con un enjambre de reclamos sociopolíticos mil veces más complejo que el de los años sesenta del siglo pasado.

El reto actual está en obtener resultados análogos a los de hace 50 años pero en un escenario diferente, sin los amplios apoyos y subsidios del "desarrollo estabilizador" que luego revelaría sus propias debilidades.

Hoy, el comercio exterior es el motor más importante para alcanzar los altos niveles de vida que se demandan en todos los países. La intensidad de los intercambios comerciales ha llevado a una general aceptación que la inteligente apertura de mercados es mejor estrategia que una indiscriminada sustitución de importaciones. Se tiene que tener cuidado, empero, en no ahogar las perspectivas de creación y crecimiento de las actividades que son centrales para los grupos que requieren ser protegidos contra una incontrolada e insensible ocupación de los mercados por las empresas más poderosas que marginan a las menos desarrolladas. Aprovechar la energía de las corporaciones trasnacionales que buscan extender sus operaciones a todo el mundo pero a la vez el dinamismo y creatividad que radica en los nuevos actores que requieren un estímulo oficial inicial es la delicada tarea que corresponde a una moderna política de desarrollo.

Ningún país en el mundo ha dejado de proteger ciertas actividades que estiman necesarias para el sector rural o para asegurar posibilidades de crecimiento a industrias. En estos momentos, lndia, con una visión nacionalista, rechaza las insistencias de Estados Unidos de eliminar apoyos a la agricultura si ese país no quita los suyos. En las varias negociaciones que México realiza hoy no deben faltar las previsiones en favor de las actividades agrícolas e industriales que requieran el respaldo oficial para subsistir y consolidarse.

El futuro presidente de la República tendrá que ser tan claro, valiente e innovador en la conducción de los destinos nacionales como lo son algunos de los dirigentes de los países que marcan los rumbos del siglo XXI. Hacerlo requiere contar con el mandato de un electorado decidido, participativo y vigilante. Por esto hay que tener cuidado que los muchos incidentes que irán sucediendo desde las etapas preliminares que vivimos confirmen que somos capaces de hacer que nuestra peculiar manera de hacer democracia sea eficaz y nos ayude a progresar con la firmeza que requerimos.