Política

TLCAN en su conyuntura actual

octubre 14, 2017

Las negociaciones para la revisión del TLCAN se encuentran en una coyuntura en que ambas partes amenazan levantarse de la mesa si la otra insiste en propuestas inaceptables. Se ha caído en una peligrosa trampa en la que un mal cálculo puede terminar con todo el proceso frustrando las posibilidades de llegar a una solución sensata. Para no caer en ello se requiere una acerada astucia en que cada parte tiene que valorar lo que es de su interés.

La estrategia es bien conocida: elevar el tono de la contienda a la máxima intensidad para luego relajar el drama habiendo obtenido lo que en un principio parecía lejano. Aquí lo que está en juego es de inconmensurable valor: la salud por muchos años de las relaciones económicas y hasta políticas entre los tres países.

En el curso del vidrioso desarrollo de las tres primeras conversaciones sostenidas en la Ciudad de México, Wáshington y Ottawa, empiezan a precisar los puntos esenciales en cuestión.

Desde luego donde México ha fijado su posición es en no sacrificar ningún beneficio arancelario o de cupo logrados a lo largo de los 23 años de vigencia del TLCAN para los productos que venimos exportando y cuyo valor hasta agosto de este año totalizó 206.6 millones de dólares.

En caso de desaparecer y esfumarse el Tratado las diferencias en los impuestos de importación que se causarían conforme a los registrados en la OMC serían, en general, tolerables. Se estima que las exportaciones norteamericanas a México podrían sufrir más que las nuestras a ese mercado. Los productos mexicanos son cada vez más competitivos y no se afectarán mucho si dejan de contar con las preferencias del TLCAN.

Donde hay que tener cuidado es con la serie de disposiciones y reglas adicionales al tratado que Estados Unidos y Canadá presentan como parte de las negociaciones y que aluden a aspectos hasta ahora no contemplados y que provienen de las normas del libre mercado de la OMC. Los Estados Unidos se proponen que sean respetados y asumidos por todos los países para uniformar las reglas que gobiernen el comercio mundial.

El presidente Obama en su momento dijo que el TPP tenía por finalidad obligar a China a hacer suyas las normas liberales que practican Estados Unidos la Unión Europea y Japón. La supremacía de un orden mundial, como el que Bretton Woods impuso a las finanzas internacionales, es el que ahora en materia comercial se busca reflejar en el renovado TLCAN.

Para Estados Unidos el apoyo de México en la delicada rivalidad que se establece entre Estados Unido y China es necesaria para seguir en su empeño por detener que el gigante asiático llegue a establecer su propia hegemonía sobre los intercambios mundiales.

Hay demasiados intereses industriales, agrícolas y financieros en los Estados Unidos detrás de estos asuntos que serán afectados con la aprobación de cualquiera novedad peligrosa. Cada vez más se endurecerán los tonos de las negociaciones en curso.

Los temas que entran en la discusión actual son, por ejemplo, los de propiedad intelectual, la vigencia de las patentes y licencias para productos farmacéuticos, las reglas de origen, las normas fitosanitarias, el mecanismo de solución de controversias, la homologación de condiciones laborales, las cuotas de migración, la protección contra precios por debajo de costo, las normas para inversiones extranjeras y la reglas para compras de gobierno.

La necesidad de contar con mano de obra barata para los campos de hortalizas americanas, la vigencia del régimen de operación de las armadoras automotrices en México, la exportación norteamericana de granos a nuestro país y la exportación de frutas y legumbres mexicanas a Estados Unidos son asuntos muy concretos que los negociadores americanos han de respetar por mucho que su errático presidente quiera quemar todo en aras de "poner a América primero".

Que las más recientes declaraciones mexicanas en el sentido de que en cualquier momento nuestros negociadores están listos para levantarse de la mesa sirvan como alarma que usen los que quieren que continúe el TLCAN para poner alto al histriónico tremendismo negativo con que Trump gusta amenazar.

Nosotros también sabemos extremar el juego ■