Política

Visibles a punta de golpeo

octubre 11, 2017

Desde hace un par de días, circula en redes sociales un video firmado por ONEA México dedicado a Veracruz. En un minuto y 20 segundos afirma que la alternancia no ayudó a solucionar los problemas del estado y que a 10 meses de gobierno no parece haber interés de solucionarlos. Seguidamente señala que Veracruz ocupa el cuarto lugar nacional en homicidios y en homicidios con armas de fuego ocupa el quinto sitio. El segundo lugar en número de secuestros y el quinto en materia de extorsiones.

Sostiene que mientras esto sucede, la agenda del Ejecutivo se interesa más en el asunto electoral que a la atención de los problemas de inseguridad.

Si nos atenemos a los datos del video, habría que empezar a aceptar que Veracruz está armado. Por un lado las fuerzas del Estado, por el otro el crimen, organizado o no. En medio, una sociedad capturada entre el fuego cruzado. Lo que parece más un escenario de modificación social de la conducta por medio del hostigamiento de la violencia y la inducción deliberada de miedos e incertidumbre.

No es algo provocado en este gobierno y sí heredado del anterior, pero los gobernados perciben con harta inquietud la persistencia de la violencia. Más cuando los modos gubernamentales parecen tener la tendencia del uso de la fuerza al primer pretexto.

Hace unos días, la fuerza pública allanó las instalaciones educativas del Tec de Veracruz para revisar las mochilas de los estudiantes en búsqueda de drogas o maldita la cosa, en un claro abuso de autoridad.

Ayer, al norte del estado, en Ojite de Matamoros, municipio de Coxquihui, la llamada Fuerza Civil y elementos de la SSP desalojaron con violencia a los habitantes que bloqueaban el tránsito por la carretera en reclamo de atención a lo que parece ser un brote epidémico de alguna enfermedad respiratoria que ya cobró la vida de dos menores y una docena más que requirió hospitalización.

Los bloqueos y las tomas de calles o instalaciones no son un pasatiempo popular ni la labor de incendiarios sociales en la búsqueda de desestabilización. No.

Son el método más efectivo –de hecho el único realmente efectivo– que tienen a la mano los gobernados para visibilizar problemas que deben ser atendidos por el gobierno. En este caso, un asunto de salud pública con rasgos epidémicos.

Los gobernantes suelen tener el reprobable hábito de desestimar o no escuchar los reclamos de los gobernados. La escala de la indiferencia es directamente proporcional al decil económico al que se pertenezca. En el sentido estricto es una relación simple: entre más jodidos estén quienes reclaman, menos atención se les dedica. A menos, claro, que se conviertan en una molestia. Entonces se les pega.

El brote empezó hace 10 días. La muerte de dos menores fue el límite de la paciencia. Tomaron la vía pública para hacerse visibles y lo lograron. Ahora la atención se centra en un gobierno que no tolera las molestias pero que tampoco se molesta en atender un reclamo social legítimo.

Mucho más simple sería averiguar sobre la naturaleza del reclamo, verificar su veracidad, leer el problema con sensibilidad y solucionarlo. No es, en absoluto, difícil atender un brote como el que se describe.

Pero los gobernados son visibles no cuando se acercan a pedir atención al gobierno, sino sólo cuando después de no ser escuchados ni atendidos, optan por las tomas de espacios públicos para hacerse visibles.

Falta por ver si, además del uso de fuerza, ahora que se enteraron a qué obedecía el bloqueo, son lo suficientemente cabales para atender el problema enviando a los equipos de salud y medicinas que se requieran. El gobierno no puede pasar por alto que las tomas son un modo de visibilización ante la habitual indiferencia de las autoridades.